Mi encuentro con un Duende en el bosque de Sarapiquí 2000
Tal y como me sucedió se los cuento.
La semana pasada me fui a la finca en Sarapiquí y decidí montarme a caballo, e irme solo a hacer un desestresante recorrido entre potreros y montaña. Iba meditabundo, disfrutando la brisa suave que refrescaba mi cara, viendo jugar los monos congo, y observando el lento discurrir de las aguas del río Wiltrago. La Serranami briosa yegua, también estaba ese día tranquila. Ya habíamos cruzado el río, cuando creí oir una voz a la lejanía que decía mi nombre. Venía el susurro como de adentro del bosque. No le hice caso, de seguro era mi imaginación. Cuando me acercaba al ceibo gigantesco con grandes gambas y todo un jardín colgante, volvía a escuchar esa vocecilla que decía: “Alexander, Alexander”. Esta vez la Serrana se revolvió y comenzó a relinchar.
Cual no fue mi sorpresa que asomándome tímidamente entre las gambas
del gigante ceibo observe a una diminuta figura color verduzco como las hojas
del árbol de gavilán; ¡Dios mío! Que era eso? Estaba
soñando?. Pero no, ahí estaba el ganado a mi alrededor; estaba
montado en La Serrana; los tábanos picaban la oreja de la yegua; el palo
de manzana de agua estaba ahí; el agua del río se movía.
La Serrana se puso nerviosa a relinchar y casi se espanta a correr. Pero esa
vocecilla le dijo “tranquila amiga, no temas”. Y la yegua se calmó.
Ahora ese pequeño ser se dirigió a mí y me dijo “Alexander,
soy un duende que está vez preocupado por lo que le están haciendo
a la Madre Naturaleza. Quiero hablar con usted de estas cosas”. Mañana
les contaré lo que me dijo el Duende Ecológico