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RECUERDOS DE NIÑEZ

Por: Alexander Bonilla Durán

Una de las cosas que recuerdo de mi niñez allá en San Carlos, específicamente en Ciudad Quesada, es las lluvias, los riachuelos y los caños.

Las lluvias porque me gustaba mojarme, sentir las gotas sobre mi cuerpo, aunque después venía la gran regañada de mamá. Invito a que lo hagan un día para que sientan que sabroso y reconfortante es llevarse un buen aguacero encima.

Los ríos y riachuelos de la bajura eran nuestras piscinas naturales. En ellos muchos aprendimos a nadar, fuimos verdaderos “pozeros”, de los ríos Platanar, Aguacaliente, o Peje. La poza de “Los Hidalgo” o las pozas de Aguacaliente, todavía las llevamos en nuestros recuerdos de una sana y rural infancia. Hoy que lejos están esos tiempos! Como los añoramos!.

Y los caños. Porqué recuerdo los caños de la Villa?. Pues los recuerdo porque como llovía tanto, siempre iban limpios y los utilizábamos para jugar de barquitos. Sí, los barquitos eran palos de fósforos o de paletas de helados, que los lanzábamos al caño y los seguíamos aguas abajo en gran competencia.

Posiblemente el agua era sucia, contaminada, pero la mirábamos limpia y hasta podíamos tocar el piso baboso y lanudo del fondo del caño.

Hoy las lluvias no son como antaño. Las pozas desaparecieron, se convirtieron en basureros o se privatizaron. Y los caños ya no son aptos para los nuevos niños. Son sucios, nauseabundos y supercontaminados; además ya los niños no juegan de barquito.

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