Mi amigo el pez barbudo
Por: Alexander Bonilla Durán
Un pez barbudo que increíblemente ha sobrevivido en el Río Torres
me invitó a hacer un recorrido por su habitat, hoy destruido por el hombre.
Este barbudo, cansado y agotado, tiene en su cuerpo las marcas de la civilización. Esta ciego y lleno de llagas y tumores producto de toda la contaminación que ha recibido en el transcurso de su vida. Si lo comparo con los humanos, su apariencia es como la de un leproso. Su muerte llegará pronto; pero antes quiso que conociera su mundo acuático.
En primer lugar, con su único ojo que le queda, apenas puede ver entre las espumas y barro que lleva el río. Continuamente tiene que buscar alguna raíz de la hierba o zacate que bordea el río para aclararse su ojo lleno de cataratas. Cuando quisimos salir a ver el sitio donde estábamos, una cocina eléctrica vieja y herrumbrada nos pegó en la cabeza. Luego, tuvimos que hacernos espacio en un remanso de una curva del río, para poder alcanzar la orilla. La pequeña poza estaba totalmente llena de botellas de plástico y latas de cerveza de firmas muy conocidas. Y como si eso no fuera poco la corriente traía broza de café que nos llevó consigo hasta la salida de una tubería de una industria. Ahí nos cayeron sustancias químicas que nos quemaron el cuerpo. Al salir soplados, nos recibieron las aguas negras de unas residencias de gente muy rica. Y para cerrar con broche de oro mi recorrido con el barbudo, cuando iba a salir del río sentí algo tibio que me bañaba. Me gustó porque tenía frío por el recorrido por el río; pero que desgracia, era la orinada de un borracho que desaguaba su cuerpo en el Río Torres.