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El avion de la Isla del Coco

Por.Alexander Bonilla D


Un avión de guerra de la Segunda Guerra Mundial en una de sus operaciones quedó clavado en la Isla del Coco. Seguro iba volando bajo y la isla estaba cubierta de nieve.
El descubrimiento de los restos de este avión lo hicieron unos guardias civiles que estaban en la Isla allá por el año de 1978. Al darse la noticia, cámaras de televisión, periodistas y funcionarios del SPN nos fuimos a la Isla del Coco en una patrullera. El viaje desde Puntarenas duró como 30 horas solo de ida.
Al llegar se organizó la expedición a buscar el avión. Salimos tarde de la base. Seguimos paralelos al Río Genio, más allá de su catarata. Nos tomó la noche. Hubo que hacer un rancho para dormir. Pasamos una noche terrible, pues llovió a cantaros. Dormimos como chanchos. A la mañana siguiente seguimos la ruta hasta llegar al supuesto lugar donde estaban los restos del avión. Había que subir y bajar hasta llegar a un riachuelo. Pero... los guardias no daban con el sitio que habían visitado meses atrás; ahora otra vez todo estaba cubierto de vegetación.
Caminamos por aquí y por allá y nada de avión. La tarde entraba. La gente se desesperaba. Existía o no el avión?. Fue una historia de los guardias?. Ya nos dábamos por vencidos y estábamos prestos a regresar sin el botín cuando... .


El avión no aparecía. Los periodistas y camarógrafos estaban frustados. Un viaje tan largo para nada, se decía. Ya nos regresábamos. Pero ... por cabezonada mía, solo, se me ocurrió subir por el riachuelo un poco más adentro. Mojado, cansado, con hambre y al borde de la desesperación me puse a pensar de que no podía seguir, pues estaba solo y pronto oscurecería de nuevo. Sin embargo, caminé un poco más y ... sorpresa, encontré el avión. Apenas se divisaba una picada hasta un cerro por donde habían pasado los guardias. Ahí estaba metido entre la tierra y cubierto de vegetación el avión.


Le grité a la gente y aquello fue locura. Serví de primero y saqué de entre los restos huesos del piloto, un reloj, y un puñal. Luego, mirando la cerca que estaba la noche me regresé solo. No quería pasar otra noche en la montaña, con lluvia y barro. Seguí la ruta y en determinado momento, ya oscureciendo quise ganar tiempo. Me tiré al Río Genio, el cual me llevaba directamente al campamento. Pero, los cálculos me fallaron, pues salí antes de la catarata. Tuve que tirarme por entre malezas y los forallones. Venía cansado. Me picaron todo unas hormiguitas pequeñas de fuego. Por suerte caí en la pura poza del Río Genio. Me bañé, me refresqué y seguí caminando. Ya de noche llegué al campamento. El resto... se perdieron y algunos llegaron en la madrugada medio muertos y hasta lastimados. Mientras, yo estaba bañado, con ropa seca y pura vida.


El reloj lo dí a la Embajada personalmente. El resto es parte de mi colección de mis tiempos de explorador.

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