La colina de los papalotes
Por.Alexander Bonilla D.
En la Colina de los papalotes se tejen los sueños y recuerdos de los
que buscan jugar con el viento para elevar sus pájaros de papel hasta
las estrellas.
A esta colina llegan los niños, los jóvenes y los viejos, con
sus papalotes de colores para desplegar un arcoiris que engalana el sur de la
Capital. Y si usted no tiene su papalote no se preocupe, ahí mismo lo
puede conseguir con todo y manila y su cola.
A la colina llegan los profesionales de los papalotes que dictan cátedra
de sus experiencias. Su sabiduría se refleja en su porte, vestimenta
y equipos de apoyo.Unos usan guantes y hasta una gran carrucha de metal, pues
los papalotes que ellos vuelan “jalan “ mucho. Los verá usted
desplegando todos sus conocimientos cuando de bajarlo se trata, o cuando las
corrientes de viento lo amenazan con caer, y en forma descontrolada empieza
el pájaro de papel a dar vueltas y venirse de picada.Con movimientos
perfectos pronto lo alinean y logran que su vuelo vuelva a ser apacible.
Pero en la Colina también veremos al padre o abuelo con su hijo o nieto
viviendo la mismas sensaciones que el vivió hace muchos años.
Esa colina une a la familia.
Con el sol y el viento en su apogeo, el firmamento sureño se convierte
en una telaraña de manilas o cuerdas, las cuales se confunden a la distancia.
Algunos papalotes están tan lejos que hay que hacer grandes esfuerzos
para verlos y saber quién es su “chofer”.
De pronto , aquel niño inexperto ve caer al vacío su pájaro
de papel, pues se ha enredado en otro. O quizas usó una manila no muy
buena y el papalote se fue con el viento a caer con sus alas destrozadas en
un árbol de pino o ciprés. Los expertos se vanaglorian de sus
cometas enormes cuando alguno más pequeño se les enreda.Sus papalotes
“jalan” fuerte y fácilmente se los traen abajo.Hoy me he
traido 5 papalotes al suelo, dijo aquel profesional .
Otra forma de ver la diferencia entre los expertos y los novatos es cuando hay
que recoger la manila.A veces a los niños se les hace un mundo”enrollar”
la manila. En ocasiones el descuido es tal, que se preocupan por el hilo y no
miran que el papalote va rumbo a suelo o queda despedazado en una rama de algún
árbol. Entonces el niño se suelta a llorar y ha de venir el papá
a tratar de recuperar al pájaro herido o ir a comprarle otro papalote
al hijo accidentado.
Así pasan las horas en la Colina de los papalotes, donde al igual que
ellos el tiempo vuela.Llegan los recuerdos de cuando le mandábamos telegramas
al papalote.Recuerdan?. Poníamos un papel en la manila y este con la
fuerza del viento subía y subía hasta que lo perdíamos
de vista.
La cola es lo que le da equilibrio al papalote.Si no se pone la adecuada este
sube dando vueltas y vueltas para caer como si fuera una estrella fugaz.
En la colinas de los papalotes con la mirada perdida hacia el cielo recordamos
tiempos idos, recordamos las varillas de bambú, la goma y el celofán;
el hilo y las tiras que robábamos de la casa, de un vestido viejo o una
cobija de pedazos de tela para hacerle la cola al papalote. Ahí recordamos
las llamadas de atención de nuestros padres para que tuviéramos
cuidado de no jugar cerca de los tendidos eléctricos.
La Colina de los papalotes está en el Parque de la Paz.