La boda de los duendes
Por.Alexander Bonilla D.
La boda de los duendecillos Mónica y Randall se llevaría a cabo en el mes de marzo, allá en la colonia del Volcán Póas. Las invitaciones estaban impresas en una hoja de sombrilla de pobre (gunnera insignis) seca. La tinta usada fue extraida de las moras , a cuyo néctar le dieron un tratamiento especial para quedar bellamente estampado en las hojas color oro. La invitación , que me fue dejada una noche en la puerta de la casa allá en Churruca, a la par de la tumba de la perra Alana, decía :
Para nuestro amigo del alma Alexander Bonilla D.
Queremos que nos acompañe a nuestra boda el próximo 15 de marzo
A realizarse en el Volcán Póas. Por favor llegar un día
antes para que pueda
participar en las actividades preparatorias.
Una petición especial : queremos que traiga como invitada de honor
a su hija
Mónica, pues deseamos reconocerle su amor por los animales y hacerle
entrega de
algo que sabemos será de su eterno agrado. Por favor explíquele
sobre la
necesidad de que guarde secreto y silencio sobre todo lo que observe en la
colonia.
Randall y Mónica.
Cuando le dije a Mónica de la invitación no cabía de contento.
Me cerró a preguntas. Le dije que esperara su momento y que ella misma
obtendría las respuestas. Eso sí, la hice jurar que guardaría
silencio sobre la vida de los duendes y el lugar donde vivían. Así
lo hizo. No omito manifestar que hubo todo un revuelo en el resto del clan familiar,
quienes se preguntaban porqué ellos no habían sido invitados;
hasta la amiga íntima de Mónica ,Carola, sintió celos.
Todos querían ir. Pero ni modo, las órdenes eran claras.
Hicimos los preparativos. Lo principal era llevar buenos abrigos, porque en
esas fechas el frío es intenso ,pudiendo bajar la temperatura a cero
grados o menos, dejando un manto de escarcha en el zacate.
Emprendimos el miércoles el viaje. No queríamos perdernos nada.
Llegamos al Volcán Poás el mismo día en horas de la tarde.
Llevé a Mónica a conocer algunos lugares mágicos donde
habíamos vivido años atrás y donde su hermano Ale había
sido “raptado por los duendes”. Visitamos el área del cráter,
la laguna Votos, el Potrero Grande y el área Administrativa, donde apenas
quedaban algunos restos de la cabaña en la cual viví recién
casado. Por supuesto los bonitos recuerdos nublaron mi mente, y me senté
como hipnotizado a rememorar momentos felices ahí vividos.
Le dije a Mónica que había llegado el momento. Que me siguiera
en silencio porque íbamos a adentrarnos al bosque, al sendero del viejo
Roble, a la colonia de los duendes amigos del Póas. Mónica temblaba,
no se si era de miedo o de la emoción. La abracé, le dí
un beso en la frente y le dije que no tuviera temor, que iba a vivir la experiencia
más linda y hermosa de su vida, que iba para un lugar donde todo era
bello y rodeado de amor y amistad. Me dio la mano y nos adentramos en la montaña.
Yo sabía que aunque parecía que caminábamos solos, nos
estaban siguiendo. Un Yiguirro de Montaña y un Colibrí de precioso
color verde, nos anunciaba que algo estaba por suceder. Y en efecto. De entre
la niebla, cual si fuera un cuento de hadas, apareció mi amiguito el
duendecillo Roberto. Antes de saludarlo siquiera volví a mirar a Mónica
para verle su expresión. Estaba como ida, sorprendida, pero a su vez
feliz.
Entonces saludé a Roberto, me senté en el suelo con él
y le presenté a Mónica. Este le dio la diminuta mano y fue como
si algo cambiara en mi hija . Su rostro resplandeció de alegría
y como si siempre se hubieran conocido Mónica lo abrazó y lo alzó;
lo llenó de besos. Ya no lo quiso soltar, le brindó su mano...
y con ella la vida y una amistad eterna.
Roberto me dijo que don José y doña Ofelia me estaban esperando
a la entrada de la Colonia. Que ellos personalmente querían recibirnos.
Así fue , en el hueco de entrada, ahí estaban mis queridos amigos.
Al igual que con Roberto, Mónica se identificó plenamente con
ellos. Nos hicieron pasar. Bajamos con cuidado y lentamente hasta llegar a nivel
del piso. Mónica estaba trastornada de ver tanta belleza y tantos animales
que andaban por ahí sin temor. Nos llevaron a que dejáramos la
maleta que traíamos a nuestro cuarto. Era el mismo que había ocupado,
solo que esta vez tenía una pequeña cama adicional.
Luego de hablar de muchas cosas, y de entregarles algunos comestibles especiales.
Nos fuimos a visitar a los novios para entregarles un pequeño regalo
que les había comprado. Me costó decidirme qué regalarles.
Le llevé una pequeñita lámpara que se alumbra con una candela.
Era de metal negro y con los nombres de Randall y Mónica grabados. Les
gustó y me lo agradecieron.
Mientras Mónica, mi hija, se había desaparecido con Robertillo.
Quería conocer a todos y disfrutar de la colonia. De seguro se sorprendería
de la forma de obtener el agua y de calentarla; de cómo abrían
una ventana al sol y podían cultivar algunos alimentos por medio de la
hidroponía. Pero de seguro lo que más la impresionaría
era la cantidad de animales con los cuales podía compartir libremente
ahí.
Dejé a Mónica que conociera ese mundo extraordinario. Luego ella
me contaría las experiencias vividas al lado de sus nuevos amigos.
Al cabo del rato me fui a descansar .Me dí un baño en las aguas
termales y me quedé largo rato viendo caer las gotas de agua a través
de las raíces de los árboles.
Casi al anochecer llegó Mónica .Era un escándalo lo que
se oía porque traía tras de sí una gran tropa de duendes,
donde no podían faltar Carola, Estanislao y Timoteo. Ya era parte de
la colonia. Me contó dónde la habían llevado y que ya había
conocido a los novios.
Papi yo no me quiero ir de aquí. Me quedaré con ellos para ayudarlos
y conocerlos mejor. Mónica, tranquila, todo a su tiempo. Recuerde que
ellos son diferentes y que tenemos que cuidarlos y protegerlos. Pero no podemos
vivir siempre aquí. Si usted quiere ser como ellos, está bien,
conviértase en duende, pero dentro de su corazón. Asuma su filosofía
y practíquela con el resto de los humanos. El día que haya paz
y amor entre nosotros los humanos, ese día seremos igual a los duendes
y podremos convivir y coexistir con ellos. Mientras no , Mónica, respetémoslos.
Viva , disfruta estos dos días y momentos, que estoy seguro de vez en
cuando Ud. podrá venir a visitarlos y a conocerlos mejor. No solo los
de Póas, sino los de otras colonias que tienen a lo largo y ancho de
Costa Rica y hasta en otros países. Hablé más con mi hija,
y le dije que descansara un poco porque en la noche, a plena luz de la luna
llena habría una ceremonia especial en el potrero grande.
Como a las diez de la noche desperté a Mónica que se había
dormido profundamente, tal había sido el cúmulo de emociones vividas.
Ni se imaginaba que lo mejor estaba por llegar.
Nos abrigamos bien y Roberto Carola, Timoteo y Estanislao estaban en la puerta
esperando llevar a Mónica al sitio de la ceremonia. Yo esperé
a don José, a doña Ofelia y a los novios Mónica y Randall.
Apenas se divisaba a la lejanía las lucecillas de las linternas de los
duendes.
Don José me llamó aparte y me dijo que en esa ceremonia se le
iba entregar un presente muy especial a mi hija. Me explicó que el corazón
de Alana que ellos habían rescatado , conservado y enterrado bajo las
raíces del roble Gigante, lo había extraído y sellado con
una sustancia especial. Lo limpiaron bien, y junto a una orquídea conservada
en esa sustancia se lo entregarían a Mónica.
Nos fuimos hacia el potrero grande, cerca del nacimiento del río Mastate,
uno de los lugares más bellos del país, donde en la época
de verano el pasto se seca permitiendo que uno se siente como si fuera en una
alfombra. Mónica andaba como loca con sus amigos, y estos ni qué
les cuento, habían encontrado una hermana del alma.
A una señal de don José llamé a Mónica. Le dije
que estuviera a mi lado, porque ahora iba a presenciar algo que no se puede
contar con simples palabras. Iba a escuchar el canto celestial de los duendes.
La ceremonia iba a empezar. Era una ceremonia preparatoria a la boda del próximo
viernes, donde los novios se comprometían previamente a respetarse y
amarse de por vida. Uno que otro animal nocturno andaba por ahí. Luego
de que Randall le entregara a su futura esposa una hoja de azahar de monte en
señal de compromiso y que esta le diera otra, me hicieron una seña
y le pidieron a Mónica que se acercara.
Tomó la palabra Randall y le dijo: Mónica , nosotros rescatamos
el corazón de su querida Alana. Lo hemos conservado todo este tiempo.
Hoy queremos entregárselo para que usted lo conserve por el resto de
sus días. Acto seguido le dieron el corazón de la perra envuelta
en la orquídea blanca debidamente conservada. Mónica se soltó
en un temblor y se puso a llorar, con un llanto que le salía del alma.
Mi chiquita, mi amor, te amo mi Alana querida , decía. Abrazó
el corazón de Alana y junto al río Mastate se sentó a llorar.
La dejamos sola. La tropa de nuevos amigos se sentó a su lado y comenzaron
a acariciarla. Le tocaban el pelo, le pasaban la mano por la cara, le secaban
las lágrimas,la abrazaban. Así pasó el tiempo, no se si
fueron minutos u horas.
Luego el silencio de la noche se rompió. Empezó el canto celestial
de los duendes. Una música que parecía venir de los cielos. Como
hipnotizada Mónica se levantó y la vi sonreir. Ahora estaba felíz.
La música la revivió y se puso a bailar con los duendes y a correr
juguetonamente por el potrero.
Dos horas después nos regresamos a la colonia. Dormimos hasta tarde del
otro día.
Mónica se acercó a mi cama y me abrazó .Me dio las gracias
por haberle brindado esta oportunidad de conocer a estos seres especiales, por
haber recuperado el corazón de alana, y por vivir la amistad y el amor
en su plenitud. Estaba felíz, me decía. Y me repetía una
y otra vez que ella quería quedarse aquí. Que no quería
volver a la civilización.
Ese día nos quedamos ayudando en algunos preparativos de la boda que
sería mañana viernes , allá en la explanada del costado
norte del cráter, por donde baja el río que desagua la laguna
votos.
Y por fín llegó el día de la boda. Mi gran duda y curiosidad
era cómo iría vestida la novia. Era un secreto muy guardado. Mónica
me había adelantado algo, que le habían dicho los duendecillos
amigos. Solo me dijo que todo sería producto de la naturaleza.
No pregunté más. Al cabo del rato los duendecillos llegaron por
Mónica . Le dijeron que ellos la iban a adornar para la boda. Que tenían
que ir a recolectar los adornos con ella. Se fueron cantando y brincado.
Don José y doña Ofelia en horas de la tarde me dijeron que todos
los invitados teníamos que llegar al sitio antes que la novia. El novio
iría con ellos.
Saldríamos como a las nueve de la noche. Nos iríamos subiendo
por el sendero que sale del potrero grande, asciende por la falda de la laguna,
la bordea, baja al borde del agua, sigue por el trillo paralelo al río
hasta llegar donde termina la vegetación de los arrayanes. Ahí
exactamente será la boda.
En la noche hicimos el recorrido previsto sin ningún contratiempo. Todos
íbamos llegando. También los animales del bosque, diurnos y nocturnos.
La primera en llegar fue la pava negra haciéndo un gran escándalo;
luego en forma silenciosa se acercó un quetzal ; a su lado llegó
un colibrí garganta de fuego. El yiguirro de montaña patas negras
y amarillas también se hicieron presentes. Luego le siguieron el tucancillo
verde, el carpintero común, un jilguero, varias palomas de montaña,
los carpinteros, la tangara de monte, el rualdo, y muchas aves más .
Casi el total de las 72 especies del bosque estaban ahí. Subiendo desde
las partes bajas llegaron varias dantas, un cabro de monte, un puma, varios
zorrillos, pizotes, puercoespines, una gran cantidad de ardillas, y hasta un
perezoso, una taltuza, un coyote y una comadreja. Un zumbido que llegaba era
una abejita llamada chiquizá .No podían faltar los sapos y las
ranas.
Detrás de nosotros rugía en forma silenciosa el coloso .El cráter
lanzaba gases de las fumarolas. La laguna estaba color verde turquesa. Como
la noche era clara , las paredes del cráter engalanaban el paisaje con
sus variados colores rojizos.
La noche era silenciosa y clara, muy clara. Allá arriba la luna brillaba
para nosotros.
La temperatura , estimo, estaba como a dos grados centígrados. En la
parte montañosa el frío no se sentía mucho, pero aquí
, al descubierto el viento nos hacía tiritar. Tanto Mónica como
yo estábamos muy bien abrigados, aunque Mónica todavía
no llegaba.
De pronto, el silencio se empezó a romper con ese canto celestial de
los duendes. En fila india se veían las luces descender por el paredón.
Traían a la novia en un andamio cubierto de vegetación y para
cubrir el sereno una hoja enorme de sombrilla de pobre. A lo lejos no podía
verse cómo venía vestida. Pero encabezando el desfile venía
mi hija. Venía bella , preciosa, pues la habían engalanado con
flores amarillas del hulex, con flores rojas de las lengua de vaca, con florcillas
rosadas de las melastomaceas, y con orquídeas blancas en su pecho. En
sus manos traía ramos de helechos y la habían perfumado con extractos
del azahar de monte. Parecía una diosa de la montaña. Estaba radiante
la Mónica. Y en su pecho traía colgando el corazón de Alana..
El novio hacía rato que estaba con nosotros. El silencio era acompañado
con el sonido de las fumarolas, el sonido del agua del río, el viento,
y el canto . La llevaron hasta un sitio específico cubierto de flores
y alfombrado por el musgos sphagnum de un color verdusco grisáceo.
A lo lejos los arrayanes , los gigantes del bosque, los robles , los helechos
arborescentes, las epífitas, los cipresillos,los cipreses lorito, los
candelillos,, se mueven lentamente como saludando a los novios.
La naturaleza en pleno está presente, la flora y la fauna, y hasta una
muestra de la especie humana. Todos estamos cerca, los duendes de la colonia,
los animales.
Ha llegado la hora. Al novio Randall le corresponde descubrir a la novia y bajarla
.
Qué sorpresa ¡ Qué belleza¡ Deslumbrante la novia¡
Totalmente vestida de blanco.Un vestido hecho de orquídeas, y en su cabeza
una corona de plumas verdes de quetzal.
Pero me quedé pensando, algo falta aquí. Era el velo. Dónde
estaba. Tremenda sorpresa me llevé. De pronto , empezó a discurrir
un chorro de agua y la novia se paró donde iría a caer el chorro.
Ahí precisamente habían construido una instalación especial
, de tal manera que el chorro se bifurcaba y con la novia en el centro formaba
un perfecto velo de novia. Maravilloso, extraordinario¡ El reflejo de
la luna daba un toque de solemnidad y misterio al acto y solo esperábamos
la oficialización de la boda.
Entonces el patriarca de los duendes, don José, se adelantó y
dijo algo a los novios. Los abrazó y se regresó. Caminó
hasta el borde del cráter y gritó:
Oh Virgen del Poás, dadnos tu bendición , para que este Matrimonio de Mónica y Randall queden santificados por siempre.
Un sonido extraño surgió desde adentro del cráter. Mónica dice que ella entendió cómo alguien decía TIENEN MI BENDICIÓN..
Mónica quiso ir a ver . Pero fue detenida por los duendecillos. Le hicieron
señas de que no . Que debía esperar.
Don José regresó. Les dijo que ya estaban casados . Entonces comenzaron
otra vez a cantar los duendes esa música celestial. Mónica se
les unió.
Yo no puede contener la emoción y el llanto brotó de mis ojos.
Ahí en el borde del cráter del Póas , en una noche de luna
llena me puse a llorar .Y lloré y lloré. Grité de felicidad.
Le dije a la Virgen del Póas, gracias por haberme permitido conocer a
estos seres especiales.
En la piedra de mis recuerdos, donde tantas veces descansé en mis recorridos
al fondo del cráter, me senté a ver a los duende cantar y bailar
, y a mi hija Mónica unirse con ellos como si siempre los hubiera conocido
, como si fuera parte de ellos.
Don José, doña Ofelia , y el resto de duendecillos vinieron hacia
mí y me tomaron de la mano. Bailé y canté con ellos. No
se hasta qué hora estuvimos ahí.
El regreso... el regreso siempre es lo peor. Mónica no quería
venirse. No deseaba volver al mundo de los humanos. Lloró como una magdalena
por abandonar ese mundo liliputiense. Yo tampoco quería regresar. Pero
había que hacerlo.