NUESTROS MARES Y SU PROTECCIÓN
Por: Alexander Bonilla D.
Nuestros recursos marinos sufren deterioro no solo por el saque indiscriminado que de ellos se hace, sino también por la contaminación y por la destrucción de zonas costeras. Pero para enfrentar estos problemas hay que actuar en dos vías: lo primero sería dotar de mayores recursos humanos y equipo a los encargados de los recursos marinos. Lo segundo sería adoptar la convención del Derecho del Mar. Por desgracia ni lo uno ni lo otro se vislumbra a la vuelta de la esquina. Lo primero por la carencia de recursos que vive el Estado y lo segundo por los intereses en juego que estarían a nivel internacional y por la falta de voluntad de nuestros legisladores.
El Derecho del Mar está basado en motivos económicos, geopolíticos y ecológicos. La Convención reglamenta la nacionalización e internacionalización de los mares y océanos, la navegación la situación de los Estados Insulares u de los archipiélagos, las zonas exclusivas económicas, las zonas continentales y de mar afuera, así como la continentabilidad de algunos Estados, el uso pacífico de mares y océanos, las áreas de explotación económica de los fondos submarinos, la preservación y protección del medio ambiente, la investigación científica marina, el desarrollo y traspaso de tecnología marítima e incluso los aspectos culturales relacionados con el mar como por ejemplo los restos arqueológicos que se encuentran depositados en los fondos submarinos. Además, se dan condiciones para la prospección, exploración y explotación de los fondos oceánicos (Salamanca-ORREGO, Dc, 4-87).
Así las cosas, los 520.000 km2 de Mar Patrimonial que tiene Costa Rica son muy apetecidos y muchos países tienen interés en nuestras aguas y no estarían muy contentos con la ratificación del Derecho del Mar. A pesar de que nuestros mares representan el 0.001% de los mares y océanos del mundo (0.006% del Pacífico Sur), especialmente nuestro Mar Patrimonial del Pacífico tiene muchas riquezas pesqueras (atún, sardinas, tiburón) y minerales. Por eso, si se quiere realmente enfrentar la situación sobre nuestros recursos marinos tienen que tomarse medidas heroicas y valientes, como es la ratificación de la Convención del Mar. Luego hay que asignar recursos para la vigilancia u protección de nuestros mares y dar facilidades tecnológicas y capacitación a los pescadores para que puedan aprovechar mejor y más racionalmente los recursos de nuestros mares.
En cuanto a la protección eclógica de los mares también tendremos que hacer un gran esfuerzo para evitar y disminuir la contaminación. No podemos permitir que el mar sea la cloaca del planeta, o de Costa Rica como ocurre con muchos lugares del país, pero en especial con los desechos que arrastra al Pacífico el Río Grande de Tárcoles. A nivel mundial se lanzan más de 4 millones de toneladas anuales de sustancias tóxicas a los mares. También la sobrepesca afecta el equilibrio ecológico de los mares, pudiese llegar a la extinción de especies marinas importantes; esto ha ocurrido en otros lugares y no es ajeno a nuestro país.
A pesar de todo, por lo menos legalmente no estamos tan indefensos en el Caribe, ya que se ha ratificado el Convenio para la Protección y el Desarrollo del Medio Marino en la Región del Gran Caribe y el protocolo para combatir derrames de hidrocarburos en el Caribe. Además, lo anterior nos permite ser parte del Programa Ambiental del Caribe, que desarrolla proyectos para enfrentar la contaminación por fuentes terrestres a dicho mar. En este sentido se han enviado expertos a capacitarse y se ha preparado un informe sobre el estado de la contaminación por fuentes terrestres, que permitirá tomar acciones en un futuro próximo. También hay que decir que en la Universidad de Costa Rica se tiene un Centro de Investigaciones Marinas y en la Universidad Nacional también hay científicos que investigan sobre recursos marinos. Lo que pasa es que por falta de recursos estos centros no juegan realmente un rol decisivo en la política marina del país. Además creemos que a la Dirección de Recursos Pesqueros de MAG le faltan mayores recursos e iniciativa para atender, manejar y controlar nuestros mares.
Finalmente creo que se desconoce, en el caso del Caribe, las potencialidades que brinda el Convenio y los compromisos asumidos. Por ejemplo el país se ha comprometido a prevenir, reducir y controlar la contaminación marina, y asegurar una ordenación del medio. Esto rige para la contaminación de buques, por vertimientos, la procedente de fuentes terrestres, la resultante de exploración y explotación de fondos marinos y la transmitida por la atmósfera. Asimismo se adquirió el compromiso de proteger y preservar ecosistemas o especies raras o amenazadas. Igualmente hay compromisos de realizar evaluaciones de impacto ambiental en proyectos que se hagan en las zonas costeras y puedan afectar al medio marino; se comprometen además las partes al intercambio científico y técnico, y a adoptar normas y procedimientos para indemnizar por los daños resultantes de la contaminación.
Es cierto que el futuro está en el mar. Pero ese futuro se forja en tierra firme con la actitud de los hombres y en especial de un gobierno. ¿Se nos permitirá disfrutar este futuro promisorio?