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“ 37: … TECNOLOGÍA en marcha 1983”
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COMO CONSERVAR LA ZONA MARÍTIMO-TERRESTRE 1982
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AÑO VII SAN JOSE COSTA RICA AGOSTO 1982 Nº 25
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OPINIONES
COMO CONSERVAR LA ZONA MARÍTIMO-TERRESTRE
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Alexander Bonilla
Siempre he creído que la conservación debe darse con base en la realidad social, económica y ecológica de nuestros países. Tomando en cuenta lo anterior y como punto inicial en una exposición sobre los efectos que se pueden producir en la zona marítimo-terrestre, por una mala planificación o un abuso en los desarrollos comunales y turísticos de dichas zonas, he de manifestar que ninguna medida para el desarrollo de la industria turística debe atentar contra la misma razón de ser de la industria, o sea, los recursos naturales y las bellezas escénicas.
¿Qué es la zona marítimo-terrestre?. De acuerdo con nuestra legislación, es la franja de 200 metros de ancho a todo lo largo de los litorales, Atlántico y Pacífico de la República , la cual se divide en una franja de 50 metros de ancho (a partir de la pleamar ordinario) y que se le conoce como zona pública y otra franja de 150 metros denominada zona restringida (a partir de los 50 metros inalienables).
Esta zona que hemos definido está amparada por la ley Nº 6043 y su reglamento. Su artículo 1º dice: “La zona marítimo-terrestre constituye parte del patrimonio nacional, pertenece al Estado y es inalienable e imprescriptible. Su protección, así como la de sus recursos naturales, es obligación del Estado, de sus instituciones y de todos los habitantes del país. Su uso y aprovechamiento están sujetos a las disposiciones de esta Ley”. El artículo 4º dice que será la Procuraduría General de la República la que ejercerá “el control jurídico para el debido cumplimiento de las disposiciones de esta ley”.
Ahora bien, habiendo dejado planteadas las generalidades anteriores y preocupados por lo que ocurre o pueda ocurrir en éstas áreas, queremos comentar algunas consideraciones sobre el por qué es importante protegerlas.
Estas zonas, límites entre tierra firme y el mar son muy importantes desde el punto de vista ecológico y son áreas dinámicas. Pero son frágiles y muy propensas –con leves cambios de sus ecosistemas- a la destrucción. En el caso de las playas, y así lo hemos observado en algunas de nuestras costas, éstas pueden ampliarse (a lo cual se le llama programación) o pueden disminuirse (retrogradación). Ya lo ha dicho el geógrafo físico Strahler: “En las épocas de calma relativa y de vientos moderados, las olas ejercen poco trabajo de erosión, pero tienden, por el contrario, a construir playas y otros depósitos de grava y arena. En periodos de tormenta cuando las olas son grandes … la erosión es intensa… En lugares donde la costa está formada por materiales blandos … como llanuras aluviales, la erosión es sumamente rápida”. Otro geomorfólogo, de la Universidad de Columbia, U.S.A., Douglas W. Jonson dice: “Una playa es un depósito de materiales, los cuales están, o bien en tránsito a lo largo de la costa o lo hacen a intervalos”. Así, confirmamos esta fragilidad y ratificamos, que un uso inadecuado fácilmente producirá el rompimiento de importantes cadenas alimenticias.
Obviamente que la presencia de vegetación en una playa evitará o minimizará el impacto del flujo y reflujo de las olas. Es oportuno, reiterar que son relativamente pocas (comparadas con las de los bosques tropicales de tierra firme) las especies de plantas que pueden sobrevivir en un ambiente tan dinámico. Por lo general, a lo largo de nuestras costas, en la zona marítimo-terrestre, las especies son las mismas: manglares, manzanillos, palmas, almendros, entre otras, especies adaptadas a influencias extremas de la temperatura, a la radiación directa del sol, al movimiento del mar, al agua salada y otros factores.
Aparte de la importancia de la vegetación costera en los procesos de sucesión, debemos recalcar que en la zona, la fauna es también variada y abundante, y que por ejemplo los manglares, son vitales para mantener la productividad pesquera (se calcula que 2/3 parte de la pesca mundial se deriva de los manglares y los bosques salados). Igualmente, desde el punto de vista turístico, las áreas que analizamos son fuente importante en la movilización de la economía regional y nacional, siendo en consecuencia esta industria, llamada sin chimeneas –y no por ello no contaminante- una proveedora de divisas al país.
Pero la zona marítimo-terrestre está amenazada. Varios factores inciden en su alteración. Uno de ellos lógicamente lo son los desarrollos mal planificados, de los cuales se discutirá al final. Por ahora citaremos algunas causas que pueden afectar el área en cuestión:
Nuestras playas por lo general reciben todos los desechos industriales y domésticos de las ciudades o pueblos ubicados a lo largo de los litorales; incluso, algunas playas reciben efluentes hasta del Valle Central por medio del río Grande de Tárcoles (caso específico del sector de Tárcoles-Jacó en el Pacífico).
En el litoral Pacífico se cuenta con ciudades como Golfito, Quepos y Puntarenas. En el Atlántico con la Ciudad de Limón. La contaminación va desde basuras, aguas negras, derivados de petróleos, pesticidas, efluentes de plantas de aceite, fertilizantes, hasta desechos de hospitales.
Los ríos arrastran gran cantidad de sedimentos debido a la deforestación que se lleva a cabo en el interior del país. Las playas cerca de las desembocaduras de los ríos de caudal considerable son playas sucias y llenas de troncos. También los ríos arrastran restos de pesticidas utilizados en las actividades agrícolas, principalmente en zonas arroceras, algodoneras, bananeras o de palma africana.
Esta sedimentación también puede causar ciertos daños en ecosistemas tan delicados como los arrecifes; tal es el caso del de Cahuita.
Definitivamente esta es la principal amenaza que tiene la industria turística del Litoral Pacífico.
Ya de todos es conocido que en Puerto Armuelles, Bahía de Charco Azul, Panamá, muy cerca del límite internacional, se localiza una petroterminal, que permite que los petroleros que traen el petróleo de Alaska trasladen el mismo a buques más pequeños que sí pueden atravesar el Canal de Panamá y así llevarlo a la Costa Este de Estados Unidos. Aproximadamente 40 petroleros por mes llegan a la Petroterminal , cifra que se puede ampliar debido a que también están construyendo un oleoducto que parte del mismo lugar.
Los riesgos son por accidente o por lavado de los buques en alta mar. En los últimos días comenzó a aparecer (a partir del 23 de febrero se detectaron) bolas de petróleo en nuestras costas, desde Corcovado hasta Sámara (según reportes obtenidos). Sobra decir los efectos del petróleo en la flora y fauna costera principalmente en la industria turística y pesquera.
Como lo hemos manifestado, los manglares son vitales para mantener ese dinamismo costero. No obstante ello –y de ser sustento principal de la actividad pesquera- se están destruyendo por: a) incremento de zonas urbanas (Chacarita o Puerto Quepos), b) para construcción de Salinas, c) para obtener carbón, d) para hacer proyectos de maricultura.
Lo importante es que ello sucede a pesar de que los manglares y bosques salados son reserva forestal (administrada por la Dirección Forestal ) y que el artículo 11 de la Ley Marítimo-Terrestre dice: “Zona pública es también, sea cual fuere su extensión la ocupada por todos los manglares de los litorales continentales e insulares y esteros del territorio nacional”.
Pareciera que, a pesar de todas la buenas intensiones del Instituto Costarricense de Turismo (I.C.T), por proteger los manglares, hay conflictos con la Dirección Forestal ya que este ente, según criterio expuesto por el propio I.C.T. “aún continúan dando concesiones para explotación de manglar”.
De algunas playas se han sacado miles de metros cúbicos de arena. Eso ha sucedido en la zona de Caldera donde en 10 años se han sacado 343.642 m 3 a un promedio de 16.364 m 3 por año.
Definitivamente la proliferación de construcciones, sin ningún tipo de planificación ni normas que eviten la contaminación, está causando serios daños en los ecosistemas litorales. Se produce una dispersión de contaminantes, la eliminación de la vegetación, se perturba la vida y los animales, se destruyen otros ecosistemas por paso de personas y vehículos.
¿Qué se ha hecho para evitar la destrucción o alteración de la zona marítimo-terrestre? Veamos:
Se han detectado las siguientes zonas de protección en el Pacífico:
En el Atlántico los siguientes:
En éstas áreas, salvo en los manglares, la zona marítimo-terrestre está preservada para las generaciones futuras, pero expuesta por lo menos a algunos problemas de contaminación como los que comentamos anteriormente. Sí podemos asegurar que en cuanto a desarrollos comunales y turísticos están protegidas las playas.
Sin embargo, si comparamos el total de kilómetros en costas que tiene el país, que son 1.325 kms, ( 225 km . En el Atlántico y 1.100 km . en el Pacífico), con las costas que se protegen en las áreas silvestres que enumeramos, notaremos que son apenas un pequeño porcentaje de playas conservadas de esa manera.
Se han dictado leyes que buscan dar un marco de protección y de regular las actividades en la zona marítimo-terrestre. Citemos algunas de ellas.
Propiamente en cuanto a desarrollos turísticos se refiere, están:
No obstante que el mismo Código Municipal y la Ley del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA) mencionan algo sobre dichas áreas, la Ley Marítimo-Terrestre regula la participación de estos organismos. Los artículos 34, 35, 36, 37, 38, 40, 43 y 45, principalmente regulan a las Municipalidades. Vale decir que el artículo 37, 40, 43 y 45 se refieren a que las Municipalidades no podrán autorizar proyectos de desarrollo turístico o concesiones sino es con la aprobación del ICT o de conformidad con la Ley 6043. Por su parte los artículos 42, 43 y 45 delimitan la acción del IDA.
En resumen, se plantea que debe haber una eficiente coordinación institucional para hacer efectiva la aplicación de la ley 6043. Esperamos que esta coordinación exista.
En lo que se refiere a protección de los recursos naturales en la zona se cuenta con la siguiente legislación:
Claro que a pesar de existir todas esas disposiciones legales, por muchas razones (humanas o económicas) no siempre se pueden aplicar, produciéndose en consecuencias situaciones que alteran los recursos bióticos o abióticos existentes en la zona marítimo-terrestre. Sólo para información citaremos algunos casos:
Bueno, qué podemos hacer para evitar que continúe la tendencia y la amenaza hacia las zonas marítimo-terrestres? Creo que se pueden sugerir algunas cosas. Pero antes, deseo decir que ya hay experiencia en otros países en cuanto a destrucción de playas se refiere y a sus consecuencias. Se pueden citar muchos ejemplos, como en Miami, Estados Unidos; costas de Brasil y otros lugares. Pero el caso más conocido y estudiado ha sido el de las playas del Mediterráneo.
El Mediterráneo, es un mar enfermo, digamos grave, casi moribundo. Toda esa contaminación ha repercutido directamente en las playas; también ha habido una sobre población en las playas y han llenado las costas de complejos turísticos, irrespetando lógicamente la vegetación. En cualquier foto que vean de la Cuenca Mediterránea , verán las construcciones, los edificios, los hoteles, prácticamente a la orilla del mar. En el Mediterráneo, por esos aspectos, se pueden obtener enfermedades víricas bacterianas y parásitarias aumentando la morbilidad en los veraneantes (tifoidea, enfermedades de la piel, los ojos, nariz, faringe, gastrointestinales, poliomelitis, hepatitis, etc.).
Otro ejemplo que vale comentar es el de Holanda, país donde se tiene gran experiencia en conservar la zona marítima. Han sembrado una hierba especial para restablecer las dunas y en consecuencia permitir el regreso de la vegetación natural; para ellos es vital conservar la zona marítima. No quieren que se repitan catástrofes como la de 1953 cuando hubo miles de muertos al desaparecer la mitad de la Provincia de Zelandia por el embate de las olas.
Lo que puede hacerse, entre otras cosas, para mantener la zona marítimo-terrestre es:
Seria importante que se mantuviera la vegetación inmediatamente después de la zona de playa pública. En ésta área no se debería permitir la construcción de proyectos urbanísticos privados ni de cabinas particulares individuales. Sí se podría permitir la construcción de complejos de uso público. El resto de construcciones deben mantenerse después de los 200 metros a partir de la pleamar ordinaria. Sólo de esa manera podremos preservar la vegetación intacta en la zona marítima.
Para lograr lo anterior, por supuesto se debe modificar las leyes. Hay que buscar el concenso necesario a nivel municipal y del ICT y luego presentar el proyecto respectivo en la Asamblea Legislativa. Debe privar el interés social sobre el particular.
Debe procurarse establecer más áreas como parques nacionales o refugios de vida silvestre a lo largo de las costas, con el fin de preservar muestras de nuestros principales ecosistemas litorales. Así se garantizarían también las playas para el total de los costarricenses.
Se debe promover el turismo al interior del país donde hayan zonas verdes, para así evitar el impacto masivo de la población en la zona de las playas. Es una redistribución de la población (pensando en un aumento total de la población costarricense).
También, como un apéndice del punto anterior, se pueden planear sistemas vacacionales escalonados, para así evitar la presión de los veraneantes en las playas.
Exigir el cumplimiento estricto de las normas establecidas para evitar la contaminación. Si no existe legislación hay que establecerla con el fin de minimizar el impacto ambiental negativo en la zona marítimo-terrestre.
Enseñar a los turistas sus deberes como tales, para que no tenga comportamientos depredadores cuando visitan las playas.
Actualmente hay que apoyar las gestiones del I.C.T. y la Procuraduría para exigir el fiel acatamiento de los planes reguladores en la construcción de complejos en la zona marítimo-terrestre. No se debería seguir permitiendo la construcción de residencias o cabinas particulares en la zona restringida. De continuar esa tendencia llegará el día en que todas nuestras costas estarán saturadas por este tipo de construcción. Como dijimos anteriormente, hay que proponer su construcción más allá de los 20 metros . De todas maneras los afectados son una minoría de la población, en cierto sentido privilegiados y como ya lo dijimos debe privar el interés social sobre el individual.
Esas consideraciones podrían contribuir a mantener la zona marítimo-terrestre con un mínimo de alteración, más allá del año 2000, para disfrute de las futuras generaciones.
REFERENCIAS