La sociedad y la mujer en el Día Mundial del Ambiente
Por: Alexander Bonilla Durán
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en 1972, decidió declarar el 5 de junio como Día Mundial del Medio Ambiente. Este año se cumplen nueve años de tal acontecimiento.
Pero ¿Qué se ha logrado con esta celebración anual, además de las publicaciones y las participaciones públicas de un reducido número de conservacionistas?. Se ha concebido en el país un desarrollo que satisfaga las necesidades básicas – comenzando con la eliminación de la tan trasegada brecha social, que hoy es más bien un abismo social y que no traspase los límites de alteración ambiental que soporta el país?.
Lamentablemente creo que no ha sido gran cosa lo que hemos avanzado. Sin embargo, en este comentario no deseo repetir las consecuencias que traerían a la economía del país, la destrucción de los sistemas agrícolas, los sistemas de aguas, la destrucción de los bosques y la contaminación atmosférica. Quiero comentar sobre el efecto de actitudes sociales en el medio ambiente y el papel de la mujer en el mismo.
Un documento de las Naciones Unidas dice que las desigualdades ambientales son paralelas a las desigualdades económicas, lo cual constituye un gran obstáculo para la satisfacción de las necesidades humanas básicas. La gran desigualdad de los ingresos es la causa de una gran deformación del aparato productivo; en consecuencia es escaso el capital y la capacidad tecnológica que se dedica a satisfacer la masa de la población. Todo ello agraba la pobreza y acelera el deterioro del medio humano.
También sobre el particular, vale la pena decir que la mayoría de los recursos naturales del mundo, aún inexplorados están en los países pobres o en desarrollo, y por lo general carecemos de nuestros pueblos. Ello nos hace caer en manos de grandes compañías multinacionales que por lo general saquean nuestras riquezas naturales y nos transfieren tecnología altamente contaminante.
Por otra parte, no obstante que Costa Rica no lo sufre, pero sí nuestros vecinos, se está creando un peligro ambiental potencial mayor, que es la carrera armamentista. En estos países, gran parte de las escasas divisas obtenidas han sido utilizadas para aumentar la capacidad militar y no para mejorar el ambiente o aliviar las condiciones de pobreza de la población. Los armamentos, a la par de destruir vidas, cosechas y bosques, pueden llegar a modificar, con propósitos hostiles, factores ambientales como los metereológicos y los climáticos.
La mujer, principalmente la que habita zonas urbanas, puede contribuir a la búsqueda de un desarrollo sin destrucción. La mujer que vive en la zona urbana utiliza una enorme cantidad de energía al usar una serie de aparatos “electrodomésticos”, mientras que en el ambiente rural, la campesina, apenas si tiene fuentes energéticas para sus necesidades básicas. Una utiliza la leña o su propia fuerza física, la otra oprime un botón de un aparato eléctrico.
Aunque los dos estilos de vida son diferentes, lo que hace una afecta a la otra. Por ejemplo, los aerosoles y desodorantes que usa la de la ciudad, afectan adversamente la capa de ozono y en consecuencia podrían ocasionar trastornos climáticos, en los cuales siempre lleva la peor parte la campesina.
La destrucción de bosques origina una tierra con menor crecimiento y producción de recursos. A una se le encarecerán los productos, la otra tendrá que prescindir de muchos de ellos.
La mujer urbana puede contribuir a mejorar el ambiente adoptando un estilo de vida menos derrochador, cambiar los hábitos alimenticios, no adquirir bienes suntuarios, etc. . A la mujer rural hay que ayudarle a adoptar formas de vida que le den mayores beneficios con menos tiempo y esfuerzo; hay que darle alternativas. En fin, es hora que la mujer costarricense participe activamente en la defensa de los recursos naturales; instinto materno debe utilizarlo en la búsqueda de una mejor calidad de vida para las generaciones futuras.