La iglesia católica y el ambiente
Por.Alexander Bonilla D.
alebodu@hotmail.com
1.Introducción
La Iglesia católica puede contribuir mucho en la protección del
ambiente, porque en el cristianismo hay bases para propiciar la sostenibilidad
ambiental y social.
Los principios ecológicos ya estaban presentes en la Biblia y han sido
recogidos en diferentes encíclicas. Sin embargo quien mejor ha interpretado
el valor de proteger el entorno para los seres humanos y el Planeta, ha sido
el Papa Juan Pablo II, que ha publicado grandes y bellos mensajes sobre el particular.
En el documento de Puebla se planteaba la conservación ambiental cuando
se manifestaba “ sino se cambian las tendencias actuales , se seguirá
deteriorando la relación del hombre con la naturaleza, por la explotación
irracional de sus recursos naturales y la contaminación ambiental, con
graves daños al hombre y el equilibrio ecológico”.
2.Pensamiento del Juan Pablo II
El Papa reconoce que la paz mundial está amenazada por la carrera armamentista,
por los conflictos regionales , las injusticias existentes en los pueblos ,
y por la falta del debido respeto a la naturaleza, la explotación desordenada
de sus recursos y el deterioro progresivo de la calidad de vida. Esta situación,
dice, provoca una sensación de inestabilidad e inseguridad que a su vez
favorece una forma de egoísmo colectivo, acaparamiento y prevaricación.
Cree Juan Pablo II que ante el deterioro ambiental que se vive no se pueden
seguir usando los bienes de la tierra como en el pasado. La conciencia ecológica
no debe obstaculizarse, sino más bien favorecida, para que se desarrolle
y madure con programas e iniciativas concretas.
La crisis ecológica que padece el mundo es un problema moral. Si el hombre
no está en paz con Dios, la tierra tampoco estará en paz. Según
el Papa, uno de los elementos que revela el carácter moral de esta crisis
es en primer lugar la aplicación indiscriminada de los adelantos científicos
y tecnológicos, muchos de los cuales , en lo agrícola e industrial,
provocan efectos negativos a largo plazo. Por eso, dice, toda intervención
en un ecosistema debe considerar sus consecuencias en otras áreas y en
general, en el bienestar de las generaciones futuras.
La disminución gradual de la capa de ozono ha alcanzado niveles críticos
debido a las industrias, las grandes concentraciones urbanas y el consumo energético
.Todo esto deteriora la atmósfera y el ambiente, originando cambios atmosféricos
y metereológicos que afectan la salud y puede traer el sumergimiento
futuro de tierras bajas. En algunos casos el daño ecológico es
quizás irreversible, pero en otros aún puede detenerse. El crre
que es un deber de toda la Humanidad asumir su responsabilidad en defensa del
ambiente.
Opina el Santo Padre que una de las causas más profundas de la crisis
ecológica es la falta de respeto a la vida, como se aprecia en muchos
comportamientos contaminantes. Las razones de la producción prevalecen
a menudo sobre la dignidad del trabajador , y los intereses económicos
se anteponen al bien de cada persona o incluso al de poblaciones enteras. En
estos casos la contaminación o destrucción del ambiente son fruto
de una visión reductiva y antinatural, que configura a veces un verdadero
y propio desprecio del hombre. Asimismo los delicados equilibrios ecológicos
son alterados por una destrucción incontrolada de las especies animales
y vegetales o por una incauta explotación de los recursos; y todo estos
aunque se haga en nombre del progreso y del bienestar, no redunda ciertamente
en provecho de la humanidad.
Otra cosa que preocupa a Juan Pablo II es la investigación biológica.
Dice que tal vez no se han calculado las alteraciones provocadas en la naturaleza
por una indiscriminada manipulación genética y por el desarrollo
irreflexivo de nuevas especies de plantas y formas de vida animal, por no hablar
de inaceptables intervenciones sobre los orígenes de la misma especie
humana.
El Orden del universo debe ser respetado. Su exploración y descubrimiento
debe hacerse con prudencia y salvaguardando su integridad, pues la Tierra es
una herencia común, cuyos frutos deben ser para beneficio de todos. Es
injusto, dice, que pocos privilegiados sigan acumulando bienes superfluos, despilfarrando
los recursos disponibles, cuando una gran multitud de personas vive en condiciones
de miseria. La dimensión del desequilibrio ecológico alcanzado
nos está enseñando que la avidez y el egoísmo, individual
y colectivo, son contrarios al orden de la Creación, que implica también
la mutua interdependencia.
2.1.Propuestas para enfrentar la Crisis ecológica
Juan pablo II considera que no se logrará un justo equilibrio ecológico
si no se enfrentan las causas estructurales de la pobreza ,porque en muchos
países la pobreza rural y la distribución de la tierra han llevado
a una agricultura de subsistencia y al empobrecimiento de las tierras. Cuando
la tierra ya no produce, los campesinos se mudan a otras zonas, incrementando
con frecuencia el proceso de deforestación incontrolada, o bien se establecen
en centros urbanos con carencias de estructuras y servicios. En algunos países
la fuerte deuda externa está destruyendo su patrimonio natural, ocasionando
irremediables desequilibrios ecológicos, con tal de obtener nuevos productos
de exportación.
Otra cosa que hay que enfrentar son las guerras. La ciencia moderna , por desgracia,
tiene la capacidad de modificar el ambiente con fines hostiles , y esta manipulación
podría tener a largo plazo efectos imprevisibles y más graves
aún. Cualquier guerra causaría daños ecológicos
incalculables, pues no solo destruyen la vida humana sino que dañan las
tierras, destruyen cosechas, la vegetación , envenenan los terrenos y
las aguas. Los supervivientes de las guerras se ven obligados a iniciar una
nueva vida en condiciones naturales muy difíciles, lo cual crea a su
vez situaciones de grave malestar social , con consecuencias negativas a nivel
ambiental.
Pero el Papa considera que la sociedad actual no encontrará una solución
al problema ecológico si no revisa seriamente su estilo de vida. Si falta
el sentido del valor de la persona y de la vida humana, aumenta el desinterés
por los demás y por la tierra, la autoridad, la templanza, la autodisciplina
y del espíritu de sacrificio que deben conformar la vida de cada día,
a fin de que la mayoría no tenga que sufrir las consecuencias negativas
de la negligencia de unos pocos.
Dentro de las soluciones que plantea el Papa es la gestión de los recursos
de la tierra coordinando a nivel internacional, ya que las dimensiones de los
problemas ambientales sobrepasan en muchos caos las fronteras de cada Estado.
Cree que todavía existen obstáculos políticos, formas de
nacionalismo exagerado e intereses económicos que frenan o impiden la
cooperación internacional y la adopción de medidas eficaces a
largo plazo .Sin embargo, corresponde a cada país dentro de su territorio
la función de prevenir el deterioro de la atmósfera y de la biosfera,
controlando los efectos de nuevos descubrimientos tecnológicos o científicos,
y ofreciendo a los propios ciudadanos la garantía de no verse expuestos
a agentes contaminantes o residuos tóxicos. El Papa considera que el
“Derecho a un Ambiente seguro” debería incluirse en la Carta
de Derechos del Hombre.
También nos dice que la crisis ecológica pone en evidencia la
urgente necesidad moral de una nueva solidaridad entre los países pobre
y los industrializados. Opina que los Estados deben mostrarse cada vez más
solidarios y complementarios entre sí, para promover el desarrollo de
un ambiente natura y social pacífico y saludable. No se puede pedir,
dice, por ejemplo , a los países recientemente industrializados que apliquen
a sus incipientes industrias ciertas normas ambientales restrictivas, si los
Estados industrializados no se las aplican primero a sí mismos. Por su
parte los países pobres no pueden moralmente repetir los errores cometidos
por otros países en el pasado, deteriorando el ambiente, usando productos
contaminantes, o deforestando excesivamente, entre otras cosas. En este mismo
contexto opina que es urgente encontrar una solución al problema del
tratamiento y eliminación de los residuos tóxicos. O sea, la solidaridad
es esencial para la paz.
Otra propuesta de Juan Pablo II tiene que ver con la educación ambiental.
Debe existir una responsabilidad ecológica con nosotros mismos y con
el ambiente. La educación no puede basarse simplemente en el sentimiento,
ni su fin debe ser ideológico o político, ni puede fundamentarse
en el rechazo del mundo moderno o en el deseo de un “retorno al paraíso
perdido”. La verdadera educación conlleva una conversión
auténtica en la manera de pensar y en el comportamiento. Recuerda que
la primera entidad educadora es la familia, donde el niño empieza a aprender
a respetar al ser humano y a amar a la naturaleza.
Tampoco se debe olvidar el valor estético de La Creación. En consecuencia,
una buena planificación urbana debe ser parte importante de la conservación;
el respeto a las características morfológicas de la tierra es
importante en los proyectos de desarrollo. No debe descuidarse la relación
que hay entre una adecuada educación estética y la preservación
de un ambiente sano.
2.2.Paz con Dios, paz con toda la creación
Concluye el Papa manifestando que la cuestión ecológica es responsabilidad
de todos . Asimismo es importante ponerle atención a lo que nos revela
tierra y la atmósfera, pues en el universo existe una orden que debe
respetarse. La persona humana está dotada de la posibilidad de la libre
elección, pero tiene una gran responsabilidad en la conservación
de este orden, con miras al bienestar de las futuras generaciones. Termina diciendo
que el compromiso del creyente por un ambiente sano nace directamente de su
fe en Dios Creador, de la valoración de los efectos del pecado original
y de los pecados personales, así como de la certeza de haber sido redimido
por Cristo.
3.Pensamiento ambiental de la iglesia católica de Costa Rica
En mayo de 1981 la Conferencia Episcopal de Costa Rica dictó una Carta
pastoral sobre los Recursos naturales donde se reconoció entre otras
cosas que la acción del hombre provoca cambios al alterar uno o más
elementos que constituyen los complejos ecosistemas; que el bosque es un indicador
de calidad de vida y del potencial económico de un país; que los
recursos naturales se han utilizado con criterios desarticulados con fines utilitarios
de corto plazo; que la deforestación afecta la protección de las
aguas y de los suelos. Acogiendo el llamado del Episcopado latinoamericano clamaron
por “evitar los efectos devastadores de una industrialización descontrolada
y de una urbanización de proporciones alarmantes”.
3.1.Propuestas de los Obispos de Costa Rica
Daban los obispos las siguientes recomendaciones; algunas de ellas todavía
después de 22 años revisten relevante actualidad :
-Definir una política preventiva en materia de recursos naturales.
-Apoyo y fortalecimiento a los programas de conservación ambiental.
-Mayor coordinación interinstitucional en materia ambiental.
-Mayor asignación presupuestaria para la conservación ambiental.
-Planificación en las instituciones gubernamentales de forma coherente.
-Que el sistema bancario nacional promueva proyectos de desarrollo sin destrucción
al ambiente.
-Fomentar la investigación y la educación ambiental.
-Que se diera un ordenamiento territorial, para definir las áreas que
quedan con bosques.
-Corregir la legislación que favorece la deforestación.
-Dar beneficios económicos a los que conservan los bosques.
-Aplicar las leyes contra las quemas.
-Legislación clara y precisa para evitar que los desechos y residuos
de las industrias sean lanzados a los ríos.
-Racionalizar el uso de plaguicidas en la agricultura.
-Educación para los agricultores en el correcto uso de agroquímicos.
-Evitar el envenenamiento de animales, de peces, niños y adultos, por
causa de los plaguicidas.
-Fomentar el control biológico.
-Ordenar a las industrias a establecer sistemas de descontaminación.
-Planificar el crecimiento urbano.
-Evitar la destrucción de manglares, y bosques.
-Fomentar la reforestación.
4.Conclusión
Considero que al iniciar un nuevo siglo es importante que la Iglesia Católica
de Costa Rica promulgue una nueva pastoral sobre la protección ambiental.
Debemos actualizar la pastoral de l981 para adaptarla a los momentos actuales
, a los nuevos conocimientos y descubrimientos y a las realidades ambientales
que vivimos hoy.
Le proponemos este reto al nuevo Arzobispo de San José y a la actual
Conferencia Episcopal.