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Quiero una casa en un ceibo 16/10/2004

Por.Alexander Bonilla D.

Hace mucho tiempo tengo un antojo. Quiero construir una casa en la selva, en la montaña. Pero encima , no más bien, entre un ceibo gigante, en su copa.
Quiero que sea un cuarto único, con unas ventanas de dedazo y puertas de madera plegable. El techo ha de ser de suita o con espacios de cedazo, para en noches de luna poder estar cerca de las estrellas.
El jardín de mi casa serian las epífitas que engalanan aquel ceibo donde nos apareció el duende. A las hormigas las dejaríamos tranquilas, les propondríamos un acuerdo de coexistencia pacífica. A los monos Congo y carablanca los haría mis vecinos, los invitaría a mi casa y compartiría experiencias con ellos. Pondríamos alimento especial para los pájaros y sería feliz despertándome con ellos y la algarabía de los monos.
Si me da sed tomaría agua almacenada en las epifitas previa filtración, o tendría a la mano los bejucos del rangayo para tomar su agua medicinal.
De vez en cuando le pediría al cielo que desgajara un tremendo aguacero, para desde la baranda de mi casa ver llover y dormirme oyendo música ranchera. Tendría mis libros para la lectura cotidiana, alumbrándome con una lámpara de canfín o un foco especial.
La entrada sería una escalera movible, la cual solo se usaría para bajar o subir. En el día abriría las ventanas y dejaría que el viento me bañara y acariciara todo mi cuerpo.
Así viviría en mi casa el ceibo. Ya lo tengo visto.
Quién quiere compartir la aventura ¿?. Lo invitamos.

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