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Proyectos Forestales: deforestar para forestar feb. 84
Por: Alexander Bonilla D.

Los proyectos forestales han proliferado en este país como “abejones de mayo”. Su venta surge amparada a los cuestionados incentivos fiscales que brinda la Dirección Forestal.

Estos proyectos se presentan como una gran inversión y logran que algunas personas inviertan en ellos; lo cual podría ser bueno puesto que se está promoviendo la reforestación, aunque sea por un interés netamente comercial. Sin embargo hay algunas consideraciones que ponen en tela de duda si realmente es efectivo este sistema de promover la reforestación y si se están obteniendo los beneficios perseguidos originalmente. Para ello tenemos que responder a:

1. Qué tipo de persona puede tener proyectos forestales?
2. Qué tierras se utilizan en los proyectos?
3. Qué supervisión brinda la Dirección Forestal?

Sobre el primer aspecto debemos dejar claro que quienes promueven estos proyectos son empresarios y que como tales ven a los mismos. A la par de estos surge una serie de vendedores que obtienen jugosas ganancias al vender o colocar parcelas. Pero el interés de ellos por los clientes llega hasta la firma del contrato. De aquí en adelante será responsabilidad de la empresa si se cumple o no lo estipulado en el contrato.

Por supuesto que no será cualquier persona la que pueda pagar mensualidades de una parcela que puede costar más de ¢150.000. Obviamente será un grupo con cierto “status” socioeconómico quienes, que con tal de tener una parcela reforestada y pensando en los dividendos que obtendrán, deciden invertir (en ningún momento un campesino pobre o con pocas hectáreas de terreno podrá reforestar su finquita). El que el proyecto sea una realidad y en consecuencia haya beneficios económicos, depende de la seriedad de la empresa y de la cooperación que birnda la Dirección Forestal. Pero vale la pena recordar que no son pocos los que después de visitar su parcela, regresan a la ciudad completamente defraudados; pero ni modo, ya habían firmado el contrato.

Sobre las tierras podríamos decir que en general se debieran reforestar las que sean aptas para el manejo forestal y no las de vocación agrícola, así, de esta manera, se estaría contribuyendo a reforestar áreas vitales para la vida del país como las cuencas hidrográficas. No obstante, para efectos publicitarios y para obtener mejores dividendos se promueve la reforestación de zonas con vocación agrícola. Incluso, a veces, lo que se hace es deforestar una zona de bosque nativo para luego reforestarlo con especies exóticas. ¿Tiene sentido esto? ¿Cuál es el costo social que asume el gobierno y el país.

Todo lo anterior se agrava con la pésima o casi nula supervisión que brinda la Dirección Forestal a estos proyectos. Me refiero a la supervisión allá en el campo, donde se lleva a cabo el proyecto (claro, que hay excepcione, y en buena hora que existen). A veces, una empresa solicita explotar cierta cantidad de hectáreas, pero resulta que cuando están en el terreno talan el doble o el triple, sin respetar recomendaciones o criterios técnicos dados en los propios planes de manejo presentados y aprobados por la propia Dirección Forestal. Ejemplos sobran. Sólo para citar uno, diremos que la filial de ASCONA en Guápiles solicitó a la Dirección Forestal “suspender en forma inmediata un proyecto ubicado entre el río Elia y el Toro Amarillo” por clara violaciones a la ley forestal y sus reglamentos. Si eso sucede en proyectos que supuestamente la Dirección Forestal supervisa, qué pasará en el resto del país?.

Vistas así las cosas, igual que muchas personas, nos cuestionamos: Es bueno este tipo de reforestación?. Realmente llena las necesidades del país?. No será mejor que se haga una revisión exhaustiva de los incentivos fiscales, determinar cuánto beneficio le ha traído al país y comprara lo reforestado con lo deforestado? Quiénes están haciendo realmente el negocio con estos proyectos forestales?.

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