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El ITCO y la deforestación de Palo Verde

Editorial La Republica abril 1980

Ha sido planteada en contra del Instituto de Tierras y Colonización – ITCO – una grave denuncia pública, en el sentido de que, para dar cabida física a algunos de sus proyectos, está arrasando con amplias porciones de bosque natural. La denuncia se agrava, de acuerdo con las informaciones, en razón de que el bosque arrasado es el único tropical seco del país.

Al parecer el bosque está ubicado en la cuenca baja del río Tempisque, en la zona de Guanacaste, dentro de la denominada Hacienda Palo Verde. Se ha trabajado en unas treinta hectáreas pero se alega que el proyecto incluye la destrucción de bosques en algo así como tres mil hectáreas.

Como es lógico, tal actuación tiene serias consecuencias. Por un lado, la deforestación es uno de los más graves problemas que afronta Costa Rica, debido a la explotación irracional e irresponsable de nuestros bosques. El mismo Gobierno, con plena conciencia sobre el asunto, ha debido fortalecer la legislación que tiende a estimular la reforestación privada de nuestras tierras.

Por otro, la eliminación de los bosques incide negativamente en contra de la fauna. No hay duda de que se han ido extinguiendo muchas especies animales otrora abundantes, debido a la caza indiscriminada y a la misma destrucción de sus ambientes naturales. Un buen número de especies de aves y mamíferos, especialmente, corren el peligro de convertirse en piezas únicas de zoológico, en el caso de que tales instalaciones hubieran tomado la provición de proveerse de ellas.

Por último y como acertadamente lo ha señalado, según los informes, un estudio realizado por el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) la pretensión de formar una agroindustria en la zona, podría traer graves perjuicios, sobre todo en la zona del delta del Tempisque, en cuanto a la producción natural de peces y mariscos en el Golfo de Nicoya.

Nosotros comprendemos las inquietudes que animan al ITCO. Un buen número de costarricenses aspiran – con todo derecho – a tener un pedacito de tierra, donde poder dedicarse a las labores agropecuarias. Esta aspiración debe satisfacerse. Por aparte, no hay duda de que necesitamos fortalecer nuestra agroindustria, si queremos realmente superar nuestra eterna mala situación económica.

Sin embargo, la nobleza de tales fines no puede anteponerse a las riquezas naturales básicas que, como en el caso de la flora y la fauna, repercuten en la vida misma del hombre, como surtidoras de elementos indispensables de esa vida. Es el caso del agua y el aire.

Confiamos en la calidad técnica del CATIE – antiguo IICA – y por ello nos preocupa que tal institución haya dado un dictamen totalmente opuesto a la deforestación de esta zona. Respetamos también la calidad profesional de los administradores del ITCO, más no podemos dejar de guardar las proporciones, en cuanto a la especialización de cada institución. Aquella estudia aspectos relacionados al tema que nos preocupa, en tanto ésta se relaciona con temas más juridico-políticos, poco profundos en las ciencias naturales.

El informe del señor Alexander Bonilla, ha lanzado también una opinión contraria al proyecto del ITCO, alegando que tendrá funestas consecuencias para la flora y de la región; opinión a la que llegó luego de un estudio de campo.

Estimamos imprescindible que la opinión pública forme criterio al respecto pero, antes que nada, creemos indispensable que los organismos públicos reflexionen sobre el tema para tratar de determinar cuál podría ser el verdadero daño producido por la actuación del ITCO y, dentro de los límites de su competencia, evitar un daño que sería irreparable.

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