Contaminación y pobreza 1981
Por: Alexander Bonilla D.
Algunos escritores han dicho que la pobreza es una forma de contaminación. No estamos de acuerdo con ello, puesto que la contaminación es producida por todas las personas, indistintamente del lugar o estrato social en que se encuentren.
Los problemas de contaminación afectan tanto a los pobres como a los ricos. Sin embargo, es el pobre quien sufre con mayor impacto sus efectos, debido a que no cuenta con los medios necesarios para convivir entre los residuos vertidos por una sociedad bastante fuera de su alcance, que lo ha obligado a gravitar en torno a la ciudad, en unos casos, o a ampararse en la montaña o las fincas de los grandes terratenientes, en otros.
Las desigualdades ambientales son paralelas a las desigualdades económicas. Pero, el pobre no produce contaminación que sea determinante para el medio; es el medio social externo quien más bien está contaminándolo e indirectamente, en ocasiones, lo induce a la realizar actividades contra la naturaleza, que en forma global son insignificantes, si las comparamos con los otros estratos sociales que son realmente productores de contaminación.
Podemos dividir la pobreza en dos grandes grupos: los de la ciudad y los del campo. En ambos es característica el hambre, el analfabetismo, bajos ingresos per cápita, las enfermedades y la muerte prematura. Precisamente, ahora que recién pasó el año internacional del niño, debemos volver nuestra mirada hacia los niños pobres que están muriendo por la contaminación que provoca la desigual distribución de la riqueza.
En la ciudad la pobreza está representada en los tugurios. En San José a menos de 1 km., de la Avenida Central, en la Traube, tenemos una muestra palpable (que otros llaman contaminación que reciben los pobres. En términos monetarios sus valores son ínfimos y en gran parte, de segunda mano; los “muebles” son sus posesiones principales; un aparato de radio aquí, una cuchara por allá. Los alimentos sólidos normalmente se comen con los dedos y a veces ayudados con una tortilla; los “platos” son hojalata; predominan los objetos religiosos, los que son más abundantes en cuanto más pobre sea la familia. Esta es la verdadera contaminación que existe en la pobreza: la miseria; la miseria que trae consigo el campesino a la ciudad y que pasa desapercibida para muchos.
En el campo la pobreza es más “visible”. Al amparo de un latifundista o de la roturación de un bosque se puede medio vivir, máxime si la tierra es un poco generosa. Aquí, en una u otra forma, esta clase marginada ha tenido que enfrentarse a la selva para poder subsistir; el pobre no es enemigo del árbol, cuando lo corta es porque necesita vivir.
La leña es vital para los pobres. La crisis de energía que vivimos ha suscitado un nuevo interés por la misma; su uso en Costa Rica todavía es mínimo y se recoge a poca distancia; en algunos países ya no se tiene a menos de 50 km. de distancia. Incluso en ocasiones, su escasez lleva al uso del estiércol, que afecta seriamente la fertilidad del suelo y por consiguiente la producción de alimentos. Al paso qué van las cosas, tendremos que tener bosques de rápido crecimiento para que se extraiga leña. Claro que, confiamos en que el potencial hidroeléctrico sea bien distribuído y no nos lleve a extremos de los cuales nos lamentemos.
En síntesis la pobreza no es una forma de contaminación; es la receptora de la contaminación; es la receptora de la contaminación por otros estratos sociales. La característica de la misma, no son problemas ambientales propiamente dichos, son simplemente problemas económicos sociales de distribución de los recursos.
Alimentemos primero al pobre y luego entremos a filosofar. Debemos luchar por construir una sociedad que sea compatible con el medio ambiente.