Cuando el Gallo canta… entre 1995-2000
Por: Alexander Bonilla Durán
Si partimos del supuesto de que todo ser tiene derecho a la vida, al perdonarles
el juez de Turrialba la vida de los gallos, creemos que actuó con justicia.
Pero… en la vida real, quien tiene más derecho a la vida, ¿un
gallo o una persona? Bueno, no digamos un gallo, pensemos en un perro, en los
gatos o en un unos ratones que con su mordisqueo nocturno no nos deja dormir.
Si aplicamos la justicia del gallo, todos estos animales citados también
tendrían sus derechos y si alguien legalmente quisiera eliminarlos no
podría.
Qué irá a hacer el señor que no puede dormir porque los
madrugadores gallos no lo dejan. Ya que no le dio resultado la vía legal,
creemos que tiene varias opciones:
1. Contratar a alguien para que meta a los gallos en un saco y los lleve a perder. Esperamos que no sean como los gatos.
2. Contratar un chiquillo que tenga excelente puntería y a la hora que canten le saque un plumero. Quizás así entiendan que tienen que variar el horario de canto.
3. Presionar a los dueños de los gallos para que hagan una sopa de gallos. Yo aconsejaría que el afectado pague el cocinero y ponga los ingredientes.
4. Anteponer un recurso a la Sala IV contra los gallos por perturbar la paz del amanecer.
5. Buscar una gallina bien guapa y llevársela a los gallos al amanecer. Llévela en babydoll y bien sexy para que los gallos prefieran hacerle el amor y no ponerse a cantar.
Yo le doy la razón al señor afectado, pero no puedo estar de acuerdo con que se le prive al gallo de cantar en su patio, cuando y a la hora que le dé la gana.