Perro que come perro no es buen perro 14/6/2004
Por.Alexander Bonilla D.
Esta es una historia verídica.
Habíase una vez un catedrático ambientalistas de una de las tantas
universidades de un país tropical. Este académico tenía
una pluma sarcástica, filosa y era eso... un académico, que forjó
su mundo Ambientalista en la teoría, lejos de la práctica que
depara el trabajo diario en el campo o dentro de una empresa.
Pero en ese país también habían otros ambientalistas, que
tenían principios de conservación mas realistas y ajustados al
verdadero significado del desarrollo sostenible. Pero el Ambientalista académico
siempre criticaba a uno en particular, el cual no coincidía con sus estrategias
ni ideas. De una u otra manera, trataba de denigrarlo y de poner en entredicho
su labor a nivel local e internacional.
El Ambientalista no académico nunca dijo nada contra aquel, pues consideraba
que entre gente que buscaba los mismos objetivos, no se debían majar
la cobija.
Aunque no se compartieran las tácticas ni opiniones de alguien dentro
del mismo gremio, era digno respetarlo , por ética y caballerosidad.
Un día al Ambientalista no académico una empresa transnacional
lo acusó ante los tribunales de justicia por un problema de contaminación.
En la Universidad del Académico algunos profesores y estudiantes quisieron
llevar a cabo actos de apoyo y solidaridad con el Ambientalista enjuiciado.
El Ambientalista académico, que tenía cierto poder dentro de la
Escuela ambiental, hizo esfuerzos por boicotear el apoyo para el colega Ambientalista.
Incluso se dejó decir que “estaba bueno que enjuiciaran a ese hp...”.
El juicio se dio y nunca hubo ningún tipo de apoyo para el Ambientalista
no académico... Dichosamente, salió airoso del reto... fue absuelto
y logró probar la contaminación que denunció dentro de
un parque nacional par parte de una empresa citrícola.
Pasó el tiempo.... y el ambientalista académico tomó como
caballo de batalla para su promoción ambiental el enfrentamiento contra
la instalación de rellenos sanitarios en el país. A todo se oponía,
con razón o sin razón, diciendo mentiras y confundiendo a la gente.
Pero hasta que llegó una empresa poderosa y acusó al Ambientalista
académico por las inexactitudes que dijo en publicaciones y en un programa
de televisión, donde hasta el conductor del mismo tuvo que retractarse
y pedir perdón, luego de comprobar las mentiras que el otro había
dicho.
Hoy el Ambientalista Académico tiene que afrontar un juicio ante los
tribunales de justicia.
Se diría que es la oportunidad para que el Ambientalista no académico
“hiciera leña del árbol caído”, y se “sacara
el clavo”. Pero no...
El Ambientalista no académico guarda silencio, respeto y consideración
por los momentos difíciles que está viviendo el académico.
Se niega a levantar la voz o la palabra para denigrar o perjudicar al colega
Ambientalista, porque el cree que “perro que come perro no es buen perro”.
Hay que ser leal , tener ética y personalidad.
Moraleja : no hay que desear el mal al prójimo, que el día de
mañana la tortilla se puede volver...