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Vara Blanca levanta la voz

Por: Alexander Bonilla Durán

Una señora con gran sensibilidad y solidaridad ambiental nos llamó desde Vara Blanca, ese lugar de increíble belleza allá en las faldas del Volcán Poás, en la ruta que llena por la carretera vieja hacia Sarapiquí.

Vara Blanca es un paisaje de altura, de frío, de nieblas, de vacas lecheras, de jaulares, de hules a la orilla de la carretera, de flores, de restaurantes turísticos, de olor a azufre, de cascadas intermitentes en épocas de lluvia. Es el lugar de niños con mejillas rosadas; donde uno alza la vista y se encuentra con el verdor y las montañas del Poás. Muchos recuerdos nos trae esta zona de cuando trabajábamos y vivíamos en el Volcán. Respirábamos aire frío y puro; conocimos cada hueco y vuelta de la carretera, ya fuera entrando por los Cartagos o por Poasito.

La llamada de la señora nos remontó a esos años. Pero también era para denunciar el olvido a que se ve sometido este pueblo de gente humilde y sencilla. A nombre de muchos que no tienen voz pública o guardan silencio se lamentan del agua sucia y contaminada que reciben, posiblemente derivada de fuentes sin protección donde se filtran desechos de las actividades agrícolas y lecheras. Además, le preocupa a la señora la caza furtiva, ilegal, que se da en la región. Desde épocas pasadas este lugar es muy visitado por pajareros, que hacen de la cacería un gran negocio.

Vara Blanca, un paraíso cerca del cielo, que hoy se enfrenta a la contaminación de sus aguas y a la cacería indiscriminada. Un pueblo olvidado por las autoridades, que quizás le temen al frío y a la neblina. Pero detrás del manto blanco, el silencio y el frío, hay todo un pueblo que clama por ayuda; existe una mujer que tuvo el valor de levantar la voz para reclamar por la contaminación de sus aguas y la cacería de la Vida Silvestre.

Llaman de nuevo

Algo debe estar pasando en la Zona de Vara Blanca, en las estribaciones del Volcán Poás, pues varias mujeres nos han llamado para denunciar problemas de contaminación y cacería.

Vara Blanca es un cruce de caminos en la depresión del Desempeño, ruta que antiguamente era el camino obligado a las bajuras de Sarapiquí. También, llegando a San Miguel, se puede enrumbar a los territorios de San Carlos.

De Vara Blanca hacia abajo el camino es peligroso; lleno de curvas y pendientes. Sobresale la catarata del río La Paz y otra que está más abajo que se mira desde el borde de la carretera.

De Vara Blanca hacia Poasito surge el paisaje de lecherías y de montañas del lado sureste del Volcán. Las casas se han forjado a orilla de la carretera. Son de gente pobre y humilde. Las grandes fincas son de gamonales que viven en la metrópoli. Hoy día, la gente se ayuda vendiendo flores, souvenir o derivados de leche (crema, queso).

De esa zona, que parece una postal de navidad que casi pega al cielo, surge el grito de una mujer, que desconozco su nombre, por la defensa de la calidad de las aguas de uso doméstico y la cacería furtiva de la fama existente. Ojalá las autoridades del Minae y del Ministerio de Salud se preocupen por atender y por lo que sucede ambiental y sanitariamente en Vara Blanca.

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