Áreas Silvestres y Turismo
Por: Alexander Bonilla Durán
PARA LA HISTORIA DE LA EDUCACION AMBIENTAL…
Uno de los aspectos analizados en el Primer Congreso Nacional sobre Conservación de la Fauna Silvestre, fue el papel que desempeñas las áreas silvestres como fuente de atractivos turísticos tanto para nacionales como para extranjeros.
En este sentido hubo concenso entre los distiguidos expositores, de que los organismos gubernamentales y no guernamentales que administran las áreas silvestres debería favorecer y promocionar las visitas a las mismas.
Se comentó de la gran cantidad de científicos extranjeros que vienen a nuestro país y el aporte que esto significa para la economía nacional.
Definitivamente nuestras áreas silvestres-parques nacionales y reservas equivalentes, refugios de vida silvestre, reservas forestales y zonas protectoras, reservas biológicas privadas, fincas demostrativas- pueden llegar a originar un aporte importante de divisas y a promover la movilización económica regional. Sin embargo, no creamos que desde el punto de vista privado un área silvestre puede llegar a ser rentable, o sea, autosuficiente. Esto es muy difícil lograrlo, salvo que se cobrasen cuotas muy elevadas por derecho de admisión, concesiones, etc.. Lo que sí podemos asegurar es que, la rentabilidad de estas áreas está determinada por los beneficios sociales que origina su establecimiento. Es decir, un área silvestre es rentable por los desembolsos realizados por los visitantes a las áreas, los cuales quedan distribuidos a través de la ruta que los lleva a las mismas.
Por ejemplo, para el año 1979, el Servicio de Parques Nacionales recibió una cantidad de unos 500.000 visitantes a sus áreas. Imagínese los gastos que tuvieron que realizar para llegar a dichas áreas; la movilización económica es, en consecuencia, de muchos millones de colones y está favoreciendo gran número de economías regionales. Por su parte, aproximadamente un 20% del total de los visitantes a las áreas administrativas por el servicio de Parques Nacionales fue de extranjeros, lo cual lógicamente está inyectando una apreciable cantidad de divisas a nuestra débil economía; al respecto vale la pena decir también que, según estudios realizados, los extranjeros por visitar un área silvestre, están prolongando su estadía en el país de 1 a 3 días, y con ello el gasto de dólares, que como dijimos anteriormente favorece la economía nacional.
Por otro lado, los refugios de vida silvestre ya han recibido ofrecimientos de grupos extranjeros, interesados en llegar hasta el Refugio de Palo Verde, a admirar la riqueza de fauna residente y migratoria. Ello significará también un gran aporte de divisas al país.
El turismo a nuestras áreas silvestres hay que fomentarlo; pero a su vez hay que regularlo. Todas las áreas deben tener estudios sobre la capacidad de carga de visitantes que puede aportar un ecosistema sin destruírlo. El turismo hay que dirigirlo, hay que planificar las áreas de forma tal que el visitante llegue a ellas a aprender de nuestra historia natural y cultural; deberán establecerse programas específicos de educación ambiental “in situ”.
Es hora de que los organismos respectivos tengan una estrecha relación. Las instituciones que manejan las áreas silvestres necesitan coordinar con las agencias de viajes y con el Instituto Costarricense de Turismo, las políticas para dirigir turistas a las distintas áreas. Nuestro recursos naturales deben estar abiertas a todos los costarricenses.
Cómo pretendemos enseñarle a nuestro pueblo cómo se protege una cuenca hidrográfica y los beneficios que trae la protección de los bosques como fuentes de energía hidroeléctrica, si se le prohíbe entrar a un lugar como Tapantí, por citar un caso. ? Desde este punto de vista, considero que el ICE debe coordinar con la Dirección Forestal(HOY SINAC) para abrir la zona de Tapantí al público y, realizar todo un programa de educación ambiental. Dando la oportunidad al costarricense de conocer sus recursos naturales estaremos movilizando la economía nacional.
En conclusión, entre más áreas silvestres abramos al público, podremos dispersar mejor la creciente población costarricense y evitar daños a ecosistemas frágiles. Si planificamos adecuadamente las áreas silvestres y damos un eficiente manejo público en las mismas, el impacto económico provocado por el establecimiento de dichas áreas será de gran beneficio para un país subdesarrollado como el nuestro.