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ANÁLISIS DEL SECTOR FORESTAL 1990-95

POR: ALEXANDER BONILLA D.

Enrique Barrau un funcionario del AID hizo un excelente análisis del sector forestal que deseamos hacerlo público en varios comentarios.

Costa Rica es conocida como modelo de conservación a nivel mundial por la protección de la biodiversidad en los Parques Nacionales y reservas afines. Pero a pesar de ello dice Barrau, se tiene una del las tasas de deforestación más altas de Latinoamérica. Las políticas y acciones de los gobiernos pasados parecen haber tenido poco impacto sobre el sector forestal para reforestar y disminuir la deforestación.

La deforestación va a un ritmo mucho más acelerado que la reforestación y por consiguiente los bosques se están exterminando rápidamente. Se estima que por lo menos la mitad de los suelos del país, que son de vocación forestal, han sido deforestados, principalmente par ala agricultura y ganadería.

La mayoría de los bosques, fuera de los parques nacionales, son de propiedad privada. Según Barrau, en Costa Rica no hay verdaderos bosques nacionales, lo que hay son fincas con árboles, cuyos dueños son privados y quienes toman las decisiones de su explotación, inversión, conservación y uso de la tierra.

Se reconoce que uno de los mayores recursos naturales de Costa Rica son los bosques, de los cuales se tienen como 250 000 Has de bosques productivos. La tasa de reforestación anual es como de 15 000. Pero al ritmo de deforestación anual, que oscila entre las 35-40 000 Has, muy posiblemente dentro de 8 años se tendrá que importar un promedio de 2 millones de m 3 de madera por año, por valor de unos $350 millones.

Antes del siglo XX el proceso de deforestación de dio en el Valle Central, Valle Cartago, Orosi y Nicoya. Hacia 1950 todavía se tenía un 47% de bosques; pero en 1984 solo el 26% permanecía con bosque, del cual 21% era de protección.

Un 60% o más de la tala se lleva a cabo en fincas pequeñas en lugares remotos para crear potreros o sembrar granos básicos. La demanda por tierra para cultivos agropecuarios y no por madera, son la causa principal de la deforestación. Entre 1950-1984 el número de Has dedicadas a la agricultura pasó de un 4 a un 12% de la superficie del país. La ganadería pasó de un 12 a un 33%.

El problema con la tala entre otras cosas, es que solo de un 20 a 30% de la madera llega al mercado. El resto se desperdicia, según opina Enrique Barrau del AID en un análisis que hace del sector forestal costarricense.

Según este experto, entre los principales factores de la deforestación están:

El Sr. Barrau cree que es imperativo inculcar el uso racional y sostenible del bosque en vez de sustituirlo. Para ello debe haber viabilidad económica respaldada por políticas estatales a largo plazo. No es posible exigir que el finquero conserve los bosques solo para que el capitalino vaya a pasear al campo. Tampoco se le puede asignar toda la responsabilidad al finquero por la protección del bosque para contrarrestar los daños ecológicos causados por los ciudadanos capitalinos, opina el experto del AID.

Si se quiere realmente controlar la deforestación no hay que integrar al bosque con la industria. El verdadero valor de un árbol no debe quedar solo en manos de los industriales. Los industriales deben contribuir para que el árbol se pague mejor y así incentivar al finquero a conservar su montaña.

Uno de los problemas del sector forestal, salvo algunas excepciones, es la separación que existe entre el productor de árboles y la industria maderera. A veces por necesidad de abrir un camino, de hacer puentes, o porque se necesitaba dinero para satisfacer quehaceres familiares, el finquero prácticamente le regalaba el árbol al industrial. Así, a principios de los 80's un finquero recibía solo un 2% del valor que su madera tenía una vez procesada. Hoy día aunque algo ha mejorado, apenas recibe el 6%. Bajo esta situación, según el experto de AID Enrique Barrau, el finquero no tiene incentivos para producir madera, y cualquier otras cosa que haga en su finca le va a ser más rentable que el bosque.

Por su parte, el industrial al saber que la materia prima es barata y el futuro incierto, no se interesa en mantener o mejorar sus equipos.

Por eso es necesario pagar mejores precios por la madera. Si así fuera, sería más eficiente en el manejo del bosque y se evitaría el desperdicio de otras partes importantes de un árbol.

El control de la tala ilegal y el cumplimiento de la Ley Forestal sirven para reducir el ritmo de la deforestación, por no para pararla. Pero estas medidas serán importantes mientras se cambia la estructura forestal del país; quizás así se puedan proteger parches de bosques productivos que todavía existen.

Según el experto Barrau de AID, la Dirección Forestal , en vez de pretender estar en todas partes protegiendo todos los árboles de Costa Rica, debe buscar proteger los pocos bosques nativos de valor comercial que quedan y las reservas forestales.

Si esto no se realiza pronto, solo quedarán pequeños islotes de bosque entre potreros pero sin capacidad de reproducción del bosque para el futuro, con lo cual desaparecería la industria maderera, con todas las consecuencias que esto traería.

Por otra parte, el cumplimiento de la Ley Forestal no debe ser solo responsabilidad del finquero o del ingeniero forestal. Esta responsabilidad debe ser compartida por el maderero que corta el árbol, el transportista que lleva la tuca al aserradero y el aserradero que compra y procesa la madera. También hay que variar el sistema de multas por incumplimiento de la Ley Forestal. Hoy día las multas no tienen relación con el valor de la madera. Además, la lentitud con que se tramitan las cosas en la Dirección Forestal hace que el finquero prefiera “socolear” la finca o deforestar ilegalmente, antes de seguir los procedimientos engorrosos de la burocracia.

Por lo anterior, el Sr. Barrau del AID propone una revisión del proceso de permisos, controles y procedimientos de verificación, en el sector forestal de Costa Rica, como una forma de evitar la deforestación.

El experto forestal del AID Enrique Barrau piensa que las actividades de las plantaciones forestales deben dejarse totalmente libres, de forma que el que siembre un árbol tenga las mismas facilidades que el que siembra maíz para poder cosechar luego el producto. Sin embargo, hoy día sucede todo lo contrario, porque el finquero que siembra árboles se convierte en una víctima de la Dirección Forestal , puesto que necesita toda clase de permisos para disponer de lo que el sembró en su propia tierra.

Según Barrau, este afán de la Dirección Forestal por controlar lo incontrolable, se convierte en un factor negativo para el fomento de la reforestación y pone a esta Dirección en una situación muy precaria ante el público que precisamente están tratando de ayudar en la reforestación y el control forestal.

La Dirección Forestal – continúa opinando Barrau – debe ser reconocida por su labor en fomentar y ayudar al dueño de la tierra a sembrar más árboles y no simplemente como la imagen del policía con el garrote.

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