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NOTAS SOBRE EL DESARME

Por.Alexander Bonilla D alebodu@hotmail.com

Me han invitado a hablar sobre el desarme. Sobre este tema, del cual no soy muy experto, me permitiré hacer algunas reflexiones como un parte al debate que se desarrollará.

Mi pensamiento, para empezar, he de definirlo como muy simple: deseo que las presentes y futuras generaciones vivan en paz, que haya mayor justicia social, que exista respeto entre las personas, que se respeten los sistemas democráticos, y que no haya lágrimas de hambre y de pánico en la cara de los niños.

Hablar sobre desarme es hablar de paz. Y hablas sobre la paz en un mundo tan convulsionado pareciera un tanto difícil. Mas hay que intentarlo, es un deber hacerlo, aún si fuera a costa de privilegios o de la vida.

No hay desarme porque no estamos preparados para vivir en paz; y no estamos preparados para vivir en paz porque todavía hay miseria en nuestros pueblos, todavía existen enormes desigualdades sociales y económicas. Y hay hambre y miseria porque no hay desarrollo de nuestros pueblos, porque millones de dólares se dedican a la guerra, en lugar de dedicarse a la educación, la salud, la investigación, la alimentación, la vivienda, el mejoramiento tecnológico o la conservación ambiental. Y hay hambre y miseria porque hay egoísmo entre la gente, porque existe hipocresía y porque nos olvidamos que somos transitorios en esta nave llamada Tierra.

Es obvio, como lo ha expresado Miguel Wionczek, que los gastos militares traen consecuencias económicas, sociales y políticas, como lo veremos luego. Hablaré de gastos militares y guerras, porque para entender el verdadero significado de la paz debe repasarse las atrocidades de la guerra y las incongruencias de sus gastos.

Desde el punto de vista económico, los gastos militares hacen que los países vean diezmada su capacidad de importación de bienes para la producción y satisfacción de las necesidades de la ciudadanía. Se intensifica el endeudamiento. Se crea dependencia tecnológica. Se traslada la mano de obra calificada, obreros o campesinos al sector militar. Se incrementan los procesos inflacionarios. En este sentid por lo menos una quinta parte de endeudamiento de los países en desarrollo en la década del setenta fue para importación de armas.

Socialmente siempre existirá efervescencia y una constante amenaza de restringir los movimientos sociales con el empleo de la fuerza de armas. Se fortalecen las castas militares o lo regímenes represivos de izquierda o derecha. Se erosiona la base de la sociedad al darse el narcotráfico, el comercio de armas y otro tipo de males colaterales.

Políticamente, al tenerse poder militar, se está más propenso al uso de la fuerza para enfrentar los conflictos, sean estos internos o externos: invasiones a universidades, represiones de huelgas, enfrentamientos con campesinos o violaciones de territorios de países vecinos.

Desde el punto de vista ambiental, aunque las personas sean las víctimas directas de las guerras, estas causan efectos directos o indirectos en el ambiente, al modificarse la agricultura, desplazarse los límites de desiertos, al producirse cambios climáticos o al usarse sustancias tóxicas que destruyen personas, bosques y contaminan las aguas. La mayoría de las guerras han devastado tierras de cultivo. Por ejemplo, la segunda guerra mundial causó una reducción a corto plazo del 38% de la productividad avícola en 10 naciones. En las guerras más recientes se han utilizado nuevos tipos de armas de alto poder explosivo, agentes químicos y material incendiario, que causan efectos ambientales aun más graves. En el caso de Vietnam, los defoliantes usados (agentes naranja, usado en Costa Rica en arrozales y potreros) destruyeron 1 500 km 2 de manglares y causaron abortos, cáncer y monstruos humanos en vietnamitas y norteamericanos. Es muy probable que los trastornos ambientales sean aun mayores si se llegan a usar las armas nucleares. Gran cantidad de ciudades importantes y sus habitantes desaparecerían. No se puede prever los efectos a largo plazo, pero se piensa que hasta se modificará el clima del planeta y disminuirá la capa de ozono, que nos protege de los rayos ultravioleta. Las explosiones nucleares producirían destrucción de la vegetación y conducirían a la erosión. Una explosión de una bomba de neutrones de 1 kilotón a 200 metros de la altura sobre el suelo causaría la muerte de una amplia gama de microorganismos en una zona de 20 has., la muerte de muchos insectos en 100 has., la de muchos anfibios y reptiles en 330 has., la de muchas especies de plantas superiores en 330 has., y de muchas especies de mamíferos y aves en 490 has., y por supuesto de miles de personas muertas. Aún más, se están perfeccionando técnicas de modificaciones ambientales con fines bélicos. Los métodos de modificación del clima se utilizan para causar sequías o daños agrícolas, como una forma de debilitar la economía de un determinado país. Se hablan de armas que alteran factores genéticos también.

Nuestra región centroamericana vive el flagelo de la guerra y sus consecuencias. Se quieren liberar o subyugar a los pueblos, no sólo mediante la conquista del poder político o de un determinado territorio, sino también mediante el dominio de su estructura económica y social, y mediante la toma de la mente y voluntado de la población.

No puedo afirmar que se estén usando armas biológicas o modificaciones climáticas con fines bélicos en Centroamérica. Sin embargo, se ha dicho que se han usado en Nicaragua y El Salvador, principalmente en la zona de Guazapa. Pero sí se puede asegurar que los recursos naturales y el ambiente en general están siendo modificados por el clima de guerra que se vive. En El Salvador, por ejemplo, ha habido un desplazamiento de la contaminación y de la depredación del Oriente al Occidente, cuando miles de personas han tenido que ser desplazadas de las zonas en conflicto. En este mismo país las investigaciones por territorios en guerra, o porque es peligroso desplazarse por territorios en guerra, o porque un coordinador de investigación sea asesinando o herido. Esto último sucedió específicamente con un Proyecto de Agroquímicos y Ecología. Casi fracasa la investigación.

En Nicaragua, la aplicación de políticas a favor del ambiente se han visto trastornadas debido a la guerra que ahí se desarrolla. Los excelentes resultados obtenidos en el manejo integrado de plagas, que redujo considerablemente la utilización de plaguicidas, lo que a su vez trajo disminución de la contaminación y de la salida de divisas, se han visto perjudicados. También en Nicaragua las limitaciones económicas y de infraestructura que se derivan de la guerra, perjudican las investigaciones. Un caso que vivimos es que muchos de los participantes directos o indirectos en el mismo Proyecto de Agroquímicos y Ecología tuvieron que alistarse en el ejército o ir a recoger café. Los objetivos planteados en consecuencia no se logran o se retrasan.

También en Nicaragua, el manejo racional de los recursos naturales de la Costa Atlántica no se pueden planificar realísticamente; la investigación científica es muy difícil, por no decir nula en esta zona. Por otra parte, las presiones económicas que tiene el Gobierno Nicaragüense, lo ha llevado a subastar la explotación de sus bosques del sur, limítrofe con Costa Rica. Se los darán a explotadores forestales de Costa Rica que tienen amplia experiencia en destruir o arrasar los bosques. Las consecuencias ambientales de esta medida no se han previsto ni analizado; de ellas podríamos salir afectados también los costarricenses, puesto que se estaría alterando una unidad ecológica. Los recursos naturales no conocen fronteras. Pero hay algo más que me preocupa. ¿Se habrá medido las consecuencias políticas que puede acarrearle a Costa Rica el hecho de que costarricenses se trasladen a trabajar en una zona de conflicto militar? ¿Qué pasaría si se destruyen tractores u otra maquinaria, o si se matan a costarricenses por problemas ecológicos? ¿Cuál será la reacción de nuestro gobierno si esto ocurre? ¿Qué garantías darán los empresarios a los trabajadores contratados?

La guerra criminal viaja por todo el mundo. Vemos. En 1984 unos 800 000 millones de dólares se gastaron en el sector militar. El gasto mundial en investigación y desarrollo militar en 1984 fue de unos 70 – 80 mil dólares. El promedio de aumento anual mundial entre 1980 – 84 fue de 3.51 en comparación al 2.5% de los cuatro años anteriores.

El Programa norteamericano aumenta en un 8.5% anual desde 1980. Otros países de la OTAN (Canadá e Italia) han tenido un incremento del gasto militar del 3% anula desde fines de los setenta, aunque en los últimos 3 años es menos del 1%. Sin embargo, Gran Bretaña en los últimos 3 años ha tenido un incremento superior al 6%, principalmente debido a la guerra de las Malvinas.

En cuanto a la Unión Soviética se estima que su gasto militar ha aumentado a razón del 2% anual, pero se estima que a partir de ahora tendrá un aceleramiento; ya que la cifra oficial de su presupuesto de defensa para 1985 fue más que el de 1984. Otros países del Pacto de Varsovia muestran cierto aceleramiento en sus gastos militares en los últimos años. Por su parte China más bien lo rebaja para apoyar la educación, salubridad, la cultura y la ciencia; entre 1980 – 1984, bajó sus gastos militares del 16% al 13%.

En el Tercer Mundo los problemas económicos han limitado el gasto militar aunque en las décadas de los 60 y 70 su gasto militar creció más rápidamente que en los países industrializados. No se crea que se reducen gastos militares por las presiones del Fondo Monetario Internacional; ellos rara vez critican las inversiones militares. En América del Sur el reemplazo de gobiernos militares por civiles ha producido reducciones en el gasto militar, en el Medio Oriente tanto Israel como Egipto han contribuido recibiendo subvenciones de Estados Unidos.

En América Central las guerras civiles y amenazas de intervención exterior han contribuido al aumento en el gasto militar. El nivel de gasto en el istmo ha crecido entre 1979 – 83 en un 60%. En 1983 el gasto militar en la región estuvo por el orden de los 1000 millones de dólares, de lo cual un 60% fue aportado por los Estados Unidos como ayuda militar. Entre 1975 y 1984 se han importado a América Central unos 2000 millones de dólares de armamento pesado (FUENTE: Base computarizada SIPRI).

El comercio de armas a pesar de que ha estado declinando desde 1980, sigue siendo grande. Los principales vendedores son Estados Unidos y la Unión Soviética. Estados Unidos tiene como principales clientes a Japón, Egipto, Arabia Saudita e Israel. El volumen de ventas soviéticas ha declinado desde 1984. Sus clientes son: Libia, Nigeria, Kuwait, Siria, Irak, e India. Ambas potencias proveen de armas a América Central.

Unas 50 millones de personas participan directa o indirectamente en actividades militares. Se incluye entre estos al 20% de los científicos del mundo.

Lo paradójico: en el mundo existen unos 570 millones de personas desnutridas, 800 millones son analfabetas, 1 500 millones tienen poco o ningún acceso a servicios médicos, 250 millones de niños quedan sin escuela, millones de seres mueren de hambre cada día. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud gastó menos de 100 millones de dólares en 10 años para erradicar la viruela en el mundo, mientras que actualmente 100 millones de dólares no alcanzarían para comprar un bombardero estratégico de último modelo.

Entre 1945 y 1984 hubo más de 1 493 explosiones nucleares. Los océanos y el espacio están militarizando cada vez más. En 1978 se lanzaron 112 satélites y hay más de 200 submarinos nucleares. Hoy se habla de bombas que matan sólo a los humanos y respetan los edificios, y de la guerra de las galaxias. Hoy el lenguaje es de terror y muerte. Hoy el futuro es incierto para nuestros hijos, porque el hombre tiene el poder de su autodestrucción. Hoy en Centroamérica los grandes bloques juegan su política; ellos ponen las armas y nuestros pueblos los muertos, la sangre, los refugiados, la miseria. Esto es un crimen. Deben sacarse esas manos ensangrentadas de la Región y dejarnos resolver nuestros problemas a nuestra manera.

Pero como dijo Bárbara Ward: “tenemos derecho a la esperanza”. Tenemos derecho a la paz y al desarme. Debemos apoyar y estar de acuerdo con el desarme total. Sólo deberá existir lo necesario para garantizar la seguridad de la ciudadanía a través de una policía identificada con un sistema democrático. Los ejércitos deben ser borrados del firmamento. Los dineros que se dedican a gastos militares deben reorientarse en la búsqueda del desarrollo de los pueblos; debe invertirse en la educación, investigación salud, vivienda, conservación ambiental y en la cancelación de la deuda externa. Debe comprenderse, como lo dice el informe Brand, que: “más armas no hacen a la humanidad más segura, sino más pobre”, y le agregaría “más estúpida”.

Costa Rica es un país privilegiado, con una vocación histórica hacia la paz, la tranquilidad, la democracia, ratificada en 1949 con la disolución del ejército como una institución permanente. Este, quiérase o no, es uno de los más grandes logros del presente siglo en Costa Rica, que ha permitido que se consolide, lo que considero quizás, como el recurso natural fundamental de nuestra patria; el sistema democrático que hoy disfrutamos. Esto, considero, es lo que nos ha permitido, desde el punto de vista político, económico, educativo, de investigación, de conservación de salud, etc., ser diferentes del resto de los países de la región, y estar fuera, todavía, de la furia de este volcán de fuego y sangre que esparce su oscuridad por países vecinos.

Pero atención, hay grupos y personas que nos quieren llevar a la guerra. Hay síntomas preocupantes en nuestra patria, manifestados en posiciones militaroides de funcionarios públicos o en acciones contra sectores populares. La calma y la ecuanimidad debe prevalecer. Estamos seguros que hay voluntad del gobierno para no dar el paso mortal hacia la militarización.

Costa Rica tiene tradición democrática. Lo reiteramos. Pero somos realistas; el fantasma de la guerra campea por sus fronteras, y hoy más que nunca debemos unirnos para mantenernos fuera de la conflagración. En este sentido, por más defectos que le deseen hacer, la política de neutralidad promulgada por nuestro gobierno debe ser respaldada y aplicada. Costa Rica no puede ni debe permitir la guerra en su territorio, ni que de aquí se promueva la muerte y la destrucción. Debe respetarse la autodeterminación de los pueblos pero debe exigirse que esos mismos respeten nuestro sistema civilista y democrático.

La trayectoria de paz y de búsqueda del desarme por parte de Costa Rica ha estado presente en la legislación internacional. Para demostrarlo, me permito citar algunos documentos que se han firmado o ratificado, a los cuales invoco y espero que sigan vigentes:

  1. Convención sobre el mantenimiento, afianzamiento de investigación sobre limitación de armamentos. Costa Rica lo firma y ratifica en 1939 (nº 36, 23 de marzo 1939).
  2. Convención sobre comisiones internacionales de investigación sobre limitación de armamentos. Costa Rica lo firma en Washington el 7 de febrero de 1923 (Ley nº 21, 24 de noviembre de 1924).
  3. Resoluciones de la Convención Internamericana sobre problemas de la guerra y la paz. Ratificada por ley nº 97 del 24 de julio de 1946.
  4. Pacto general de renuncia a la guerra. Se firma en París el 27 de agosto de 1928 (nº 97 del 24 de julio 1928).
  5. Convención para prevenir conflictos entre los Estados Americanos. Costa Rica deposita instrumentos de ratificación el 23 de noviembre de 1928 (nº 8, 18 de octubre de 1928).
  6. Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción y el almacenamiento de armas bacteriológicas y toxínicas y sobre su destrucción. Costa Rica lo aprueba pro ley nº 5367 del 11 de octubre de 1973.
  7. Convención sobre prerrogativas e inmunidades del Organismo para la proscripción de las armas nucleares en la América Latina. Costa Rica lo aprueba pro ley nº 6350 del 25 de setiembre de 1979.
  8. Tratado sobre prohibición de emplazar armas nucleares y otras armas de destrucción en masa en los fondos marinos y oceánicos y subsuelo. Costa Rica lo ratifica por ley nº 6361 del 5 de agosto de 1979.
  9. Tratado por el que se prohíben los ensayos con armas nucleares en la atmósfera, el espacio ultraterrestre y bajo el agua. Costa Rica lo pone en vigor en 1967.

Algunos tratados o convenciones citadas los han firmado o ratificado países vecinos. Desgraciadamente hoy son olvidados o irrespetados. ¿Qué nos queda? Esperar que nuestro país los siga respetando, y utilizándolos como instrumento jurídico para promover la paz en un país civilizado. Las soluciones políticas y basadas en el derecho internacional deben prevalecer.

La naturaleza es sabia. Por eso ha establecido la diversidad como una forma de preservar las especies y de mantener las interrelaciones ecológicas. Los humanos deberíamos imitarla.

Decía el Santo Papa: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz, y una forma concreta de promover la paz es la protección de los recursos naturales”.

El eco de este pensamiento debe retumbar por todos los rincones porque la paz que hoy disfrutamos no la hemos heredado de nuestros pasados, sino que la hemos tomado prestada a nuestros hijos.

Referencias:

  1. FEPRI: Armamento y desarme en el mundo. Anuario reducido del SIPRI 1985. Datos actualizados para 1986. Madrid 1986.
  2. Comercio Exterior: La economía bélica, freno al desarrollo. Vol. 35 nº 3, México, marzo 1985.
  3. Bonilla, Alexander: Tratados y Acuerdos Internacionales sobre el Medio Ambiente. CSUCA, junio 1986.
  4. IESDERENCUM: Las armas químicas y bacteriológicas: obstáculo para la paz mundial. México, febrero 1986.
  5. PNUMA: Documentos varios sobre el Ambiente y gastos militares, Nairobi. Varios años.
  6. PNUMA: Entre las alternativas. Hacia pautas de desarrollo y estilos de vida alternos. Nairobi, 1981.
  7. Carazo Odio, Rodrigo: La Universidad para la Paz. Revista Tiempo Actual, febrero 1980.
  8. MAS-HERRERO, O.: La Paz como Suprema Esperanza. Revista Tiempo Actual, febrero 1981.
  9. ECKKHOLM E.: Down to Earth. Environment and human needs. Forword by Barbara Ward. G. B., 1982.
  10. HIATT H.: Armas Nucleares. ¿La última epidemia? Foro del Desarrollo. Nacionas Unidas, marzo 1982.
  11. PNUMA: El Estado Mundial del Medio Ambiente, 1985 Nairobi.
  12. Foro del Desarrollo: Armamentismo vrs NOEI. Marzo 1982.
  13. Foro del Desarrollo: Pensemos por la paz. Marzo 1982.
  14. Juan Pablo II Papa: El desarrollo es el nuevo nombre de la Paz. Mensaje en PNUMA. Nairobi, 1985.

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