LA CARRERA ARMAMENTISTA
Por.Alexander Bonilla D alebodu@hotmail.com
La carrera armamentista es tan preocupante, que las Naciones Unidas propició una Investigación para determinar la realidad de la misma. Veamos algunos de los resultados.
Se estimó que en 1980 los gastos militares mundiales llegaron a unos 500.000 millones de dólares, lo que equivale a unos 110 dólares per cápita para la población mundial. Eso significa que en los últimos 30 años el sector militar recibió como asignación anual entre el 5 y el 8% de la producción mundial total.
Cada año el comercio mundial de armas supera los 26.000 millones de dólares, tanto entre los países ricos como en los pobres. Lo paradójico del caso es que en el mundo unos 570 millones de personas están desnutridas, 800 millones son analfabetas, 1500 millones tienen poco o ningún acceso a los sevicios médicos, y 250 millones de niños quedan sin escuela. Otra comparación interesante es que, por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud gastó menos de 100 millones de dólares no alcanzarían para comprar un bombardero estratégico de último modelo.
El estudio en cuestión también estimó que unos 50 millones de personas participan directa o indirectamente en las actividades militares en todo el mundo; unos 25 millones en las fuerzas armadas regulares, unos 10 millones en fuerzas paramilitares, unos 4 millones de civiles empleados en los departamentos de defensa, unos 500.000 hombres de ciencia e ingenieros (20% de científicos del mundo) dedicados a investigaciones y desarrollos militares, y por lo menos unos 5 millones directamente dedicados a la producción de equipo militar. Igualmente se estimó que le 5-6% del consumo mundial de petróleo es para fines militares. Y, como si no fuera poco, se calcula que en el año 2000 los gastos militares ascenderían a la suma de 743.000 millones de dólares.
A nivel mundial se ha demostrado que los gastos militares tienen un efecto depresivo sobre el crecimiento económico debido al desplazamiento de las inversiones y a las limitantes sobre la productividad, ocasionada por la utilización de los esfuerzos de la investigación y desarrollo a la tecnología militar. También se explica que en las economías de mercado los gastos militares agraban el desempleo y la inflación.
Lógicamente que estos gastos militares son mortales para las economías y la vida de los países pobres. De esta manera los productores de armamentos, de una y otra esfera ideológica, están contribuyendo a aniquilar los pueblos, las ideologías, la libertad.
Ante este panorama, qué se puede hacer?. Los expertos sugieren que los investigadores y trabajadores del sector militar se transfieren a sectores del desarrollo, la producción y la instalación de artefactos de energía solar, la preservación y mejoramiento del ambiente, la investigación en ciencias naturales y sociales, a actividades de vivienda y renovación urbana, y a mejorar los sistemas de transporte. También podrían dedicarse los recursos militares a la construcción de maquinaria agrícola y minera, a la tecnología pesquera, en la construcción de fábricas, en la instalación de plantas generadoras de energía, y para la educación y la salud. Incluso se ha planteado la idea de establecer un Fondo Internacional del Desarme para el Desarrollo.
En general podemos decir que hay algún interés por frenar la carrera armamentista. Pero desgraciadamente para la humanidad, privan otros intereses más poderosos. La realidad es otra: cada día aumentan las armas nucleares, cada día hay armas más sofisticadas (como la bomba de neutrones, que mata a los humanos pero no destruye las construcciones), cada día proliferan las armas químicas y biológicas. Casi en su totalidad las armas son fabricadas en los países desarrollados y son puestas en práctica en los países pobres. Somos los “conejillos de indias” de la industria militar.
Por todo lo expuesto, en Nairobi (mayo de 1982) un grupo de ambientalistas de todo el mundo, concluímos en que la guerra constituye la más seria amenaza contra la humanidad y el Ambiente.
Y… por supuesto que Costa Rica puede sufrir los efectos de esta carrera armamentista y de la guerra, máxime con los vecinos que tenemos en el Norte y por el estado de guerra que se vive en el resto del área centroamericana. De hecho que ya hemos empezado a sufrir secuelas de estas situaciones beligerantes, principalmente con los atentados terroristas, los secuestros, invasiones a nuestro territorio, tráfico de armas, migraciones, etc. .
Tenemos que fortalecer nuestro sistema democrático para así podernos mantener libres de las garras asesinas involucradas en la carrera armamentista.