Contacto con la Naturaleza
Por: Alexander Bonilla Durán
Está lloviendo. Al frente tengo una pequeña montaña. Las
gotas de lluvia tocan su sinfonía en el techo de la cabaña. Miro
al Guachipelín, el tronco con espinas del Pochote y el majestuoso Guanacaste
con sus orejas de adorno.
Un trueno rompe el silencio. La lluvia arrecia. Las gotas suenan más
fuerte y la incitan a irme a dormir. La niebla asoma. Penetra los espacios del
bosque. Un viento frío llega a mi cara, mientras un colibrí chupa
su néctar de las flores del bosque.
Sigue lloviendo. Llueve, llueve, lluvia bendita que da vida a los campos. Ay,
me picó una hormiga bala en un dedo. Cómo duele. Sigue llorando
el cielo; ¡Aleluya!. Qué haríamos sin ti agua bendita. Estoy
en Ceiba Baja de Acosta. Cerca del Cerro Caraigres, o el Dragón o la
Mujer dormida. Un lugar cerca del cielo para meditar y encontrarse con la naturaleza.
Estoy en mi pequeña cabaña. Oigo el silencio del bosque. Escucho
hablar a la lluvia.
Que confort, que delicia ver llover en la montaña. Mojarse y sentir el
abrazo del agua, y las hojas mojarse con el arrullo del viento. Invito a los
costarricenses a que de vez en cuando se olviden de la ciudad. Compartan con
la naturaleza y la soledad. Verán que bien se siente. Vengan acompáñenos
a viajar por las montañas y a descubrir un mundo diferente: el de la
naturaleza.