Mi paraiso en el poas SET. 2005
Por. Alexander Bonilla D.
En el parque nacional Volcán Poàs vivì 5 años.
Vivì ahì en la cima del coloso.
El frìo , el viento, la neblina, la soledad, fueron mis compañeros
por mucho tiempo allà en una pequeña cabaña de troncos
, sin electricidad ni calefacción.
En las noches el viento conversaba conmigo, o un rugido del volcán nos
recordaba que el era amo y señor de las alturas.
Al Volcán Poàs lo conozco como la palma de mi mano; creo que podría
llegar al fondo de su cràter hasta con los ojos cerrados y por diversas
rutas.. De noche y de dìa jugué con el, en la calma y en actividad.
El azufre y sus vapores me fumigaron varias veces al punto de casi el desmayo.
Su laguna de aguas frìas la nadè y la buciè hasta ponerme
morado y tiritar del frio. Recorrì sus montañas, trillos y senderos.
Me encantaba escuchar el silencio, acostado debajo de los gigantes del robledal.
Ahì en el Poàs existiò un lugar que me pertenece. Està
en medio de un bosque de robles. Camina Ud. Por un sendero , y de pronto llega
a un lugar como una casa de sustos, con bejucos, enredaderas y tùneles,
digno del mejor cuento de fantasìa. Y al otro lado, se abre un claro
cual si fuera un minúsculo “Shan grila”. La grandesa y belleza
hecha realidad. Entre cipresillos y musgo verde, parece una tarjeta de navidad.
Era mi refugio solitario, donde comulgaba y me comunicaba con el Creador. Lo
mejor de todo es que ahì està todavía; pocos lo pueden
visitar , pues no conocern el acceso a esa maravilla natural.
Por eso lo siento mìo, pues soy un privilegiado por haberlo conocido.
Por eso lo protegerè. Solo gente muy especial lo podrà conocer.